Bagdad despertó el martes tras su primera noche tranquila al término de una semana de manifestaciones y violencia que dejaron un centenar de muertos, y tras un llamado al diálogo del presidente iraquí.

El presidente iraquí, Barham Saleh, pidió el lunes por la noche "cesar la escalada" y dijo que desea "un diálogo nacional sin injerencia extranjera" para satisfacer las demandas de los manifestantes.

En un discurso televisado, el jefe de Estado consideró que "quienes dispararon contra los manifestantes pacíficos y las fuerzas del orden son los enemigos del pueblo" y pidió aplicar medidas para evitar "el recurso a la fuerza excesiva", que el ejército reconoció haber utilizado en un barrio de Bagdad.

Desde el inicio el 1 de octubre del movimiento de protesta en Bagdad y varias ciudades del sur, para pedir empleos, servicios públicos y denunciar la corrupción, más de 100 personas han resultado muertas y unas 6.000 heridas, según una balance oficial.

Desde Irán, el guía supremo Alí Jamenei declaró que las manifestaciones de Irak eran un "complot" creado por "enemigos" para "sembrar la discordia" entre ambos países. Pero, advirtió, "fracasaron y su complot no surtirá efecto".

Teherán mantiene estrechas relaciones con Bagdad desde el derrocamiento de Sadam Husein en 2003, y ha reforzado su influencia en Irak apoyando a varios partidos y grupos chiitas.

Por otro lado, el primer ministro iraquí anunció que había conversado por teléfono con el secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, sobre los últimos acontecimientos en Irak, mientras que el ministro de Relaciones Exteriores ruso, Serguei Lavrov, visitó el lunes Bagdad, un viaje previsto antes de que estallaran las protestas.

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