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Las familias de las víctimas del atentado del metro de San Petersburgo, que dejó 13 muertos, comenzaban este jueves a enterrar a sus allegados en el tercer y último día de duelo en la segunda ciudad de Rusia.

El primer entierro, el de Irina Mediantseva, de 50 años, creadora de muñecas artesanales y madre de dos hijos, está previsto para primera hora de la tarde en la ciudad de Sverdlov, en la región de Vsevolojsk, a unos veinte kilómetros al sureste de San Petersburgo.

Tras este atentado, calificado por el Kremlin como "un desafío lanzado a todos los rusos, incluido al presidente" Vladimir Putin, las autoridades rusas multiplicaron las medidas de "seguridad antiterrorista" en el metro. El primer ministro, Dmitri Medvedev, ordenó el miércoles especialmente la creación de "grupos de reacción rápida (...) operativos las 24 horas".

El presunto autor del atentado, identificado gracias a una prueba de ADN, es Akbarjon Djalilov, un hombre de 22 años nacido en la región de Och, en Kirguistán, pero que vivía en Rusia desde 2011.

Los motivos de Djalilov, a quien sus vecinos describen como un "hombre tranquilo y discreto", siguen siendo una incógnita, pero el Comité de Investigación ruso indicó que examinaba su posible relación con la organización yihadista Estado Islámico (EI), aludiendo por primera vez a este grupo.

La región de Och en la que nació Djalilov es conocida por haber proporcionado grandes contingentes al grupo EI en Siria e Irak.

Antes de accionar su bomba casera entre las estaciones de Sennaya e Instituto Tecnológico, el atacante colocó una segunda bomba en otra estación del centro de la ciudad, que fue desactivada a tiempo.

El miércoles, las fuerzas del orden rusas anunciaron la detención de siete ciudadanos de países de Asia Central en San Petersburgo, sospechosos de reclutar a "terroristas", pero precisaron que no estaban relacionados "por el momento" con el presunto autor del atentado.

- Muchos jóvenes -

"Tenía dos hijas. Lo que ha pasado es horrible", confesó a la AFP la hermana de Irina Mediantseva, durante un funeral ortodoxo celebrado un día antes en San Petersburgo en homenaje a las víctimas. Esta madre de familia se encontraba con una de sus hijas en el tren en el momento de la explosión. La joven de 30 años resultó herida.

Entre las víctimas figuran varios jóvenes, como el estudiante Maxime Arychev, de 20 años, originario de Kazajistán. Once minutos antes del atentado en el metro, Maxime había llamado a sus padres en Kazajistán para decirles que volvía a casa después de las clases.

Dilbara Alieva, de 21 años, original de Azerbaiyán y estudiante de tercer año de psicología, sucumbió a sus heridas en el hospital la noche del atentado.

Al igual que Ksenia Malioukova, estudiante en obstetricia de 18 años, que iba a encontrarse con su novio y murió en el atentado. O el joven Denis Petrov, de 25 años y campeón de kickboxing.

Rusia, que dirige en Siria una operación militar en apoyo a Damasco, no había sufrido un ataque tan duro desde la explosión el 31 de octubre de 2015 de un avión con 224 personas a bordo, que realizaba la ruta entre Egipto y San Petersburgo.

Desde este atentado reivindicado por el EI, varios ataques han golpeado las inestables repúblicas rusas del Cáucaso y los servicios de seguridad rusos anunciaron varias veces haber desmantelado células yihadistas con intención de atacar Moscú y San Petersburgo.

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AFP