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Unos niños sirios fotografiados en su clase de Alepo, Siria, el 7 de mayo de 2016

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Antes de que los yihadistas se apoderaran de su ciudad y convirtieran la escuela en prisión, el adolescente sirio Ahmad Mohammad nunca imaginó que podría estar tan contento de poder presentarse a los exámenes finales.

"Era doloroso cada vez que pasaba frente a mi escuela", confía a la AFP Ahmad, al recordar cómo ésta se convirtió en prisión tras la toma de control de Tall Abyad por el grupo Estado Islámico (EI) en enero de 2014.

"No me dejaban entrar en ella" recuerda este joven, hoy de 17 años. "Recuerdo los buenos momentos pasados con mis compañeros de clase, hoy dispersados por todo el mundo a causa de la guerra", añade.

Pero este mes de mayo, con otros 650 jóvenes, Ahmad viajó en autobús hasta la ciudad de Hassaké (nordeste), para pasar ahí, con mucho retraso, los exámenes para la obtención de su diploma. Tuvieron que realizar un periplo de 200 kilómetros desde Tall Abyad, Suluk y Ain Isa, localidades al norte de la provincia de Raqa, retomadas a los yihadistas en pasado mes de junio por las fuerzas kurdas sirias.

"Volver al colegio me da otra vez gusto por la vida. El futuro me parecía sombrío, pero ahora eso ha cambiado", afirma Ahmad.

Unos dos millones de niños están desescolarizados en Siria, según la ONU, debido a una guerra que ha entrado en su sexto año y causado más de 270.000 muertos, además de obligar a millones a tomar el camino del exilio, destrozando los sueños de futuro de miles de jóvenes.

En las regiones que controla, el EI ha impuesto su propio programa basado en estudios religiosos, además de un entrenamiento militar.

- Materias suprimidas -

Los alumnos que pasaron esta semana sus exámenes en la ciudad de Hassaké -cuyo control comparten el régimen sirio y la autoridad autónoma kurda- narran historias conmovedoras sobre los obstáculos que tuvieron que superar para estudiar bajo la dominación del EI. "Mi padre es profesor y siguió enseñándonos en secreto" cuando la escuela fue prohibida, destaca un alumno de Suluk, que prefiere mantener el anonimato.

Tahami Abdalá, un responsable escolar de Tall Abyad, afirma que cuando los yihadistas entraron por primera vez en la ciudad, "pidieron la reducción de horas de clase y la supresión de algunas materias". "Luego, abolieron totalmente la educación y transformaron las escuelas en prisión, en centro de propaganda yihadista y en comisaría de policía religiosa", afirma.

Según él, el EI obligó a muchos profesores a no seguir el programa escolar nacional. "Tenían sus propios cursos, que daban en sus escuelas islámicas o sus misiones religiosas, pero solamente a los yihadistas, a sus familias y a los combatientes extranjeros", señala Tahami Abdalá. "Nos sentíamos como extranjeros", explica.

Ibrahim Khalil de Tall Abyad confiesa no haber tomado un lápiz y un cuaderno durante años ya que "tenía mucho miedo de que el EI me cortara la mano", una sanción habitual practicada por el grupo radical. "Dáesh (acrónimo árabe del EI) vino para traer la ignorancia pero nuestra voluntad es más fuerte que la de ellos y seguimos estudiando", asegura.

Cuando el sistema educativo se derrumbó en Siria aparecieron métodos alternativos supletorios para llenar el vacío en las zonas que escapaban al control del ejército.

La administración autónoma kurda, que se instaló en una zona del norte y el noreste del país a partir de 2012, empezó a implementar sus propias escuelas, donde enseñaba el kurdo.

En las zonas rebeldes, los consejos locales también hacen funcionar escuelas, aunque las destrucciones hacen que su tarea sea muy difícil.

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AFP