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Trabajadores de la compañía Kirchhoff Witte se manifiestan con banderolas del sindicato metalúrgico alemán IG Metall en una de las primeras protestas por la semana laboral de 28 horas, en Iserlohn, oeste de Alemania, este 8 de enero de 2018

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El poderoso sindicato alemán de la metalurgia IG Metall comenzó este lunes con paros laborales un pulso social que se anuncia como uno de los más duros de los últimos años en Alemania, en una industria clave para el país.

Decenas de huelgas parciales se registraron el lunes en todo el territorio, en particular en la industria automotriz, para reivindicar el derecho a la semana laboral de 28 horas y aumentos salariales.

Basándose en una estrategia muy eficaz, los paros de actividades afectan a empresas bien elegidas, entre ellas Volkswagen, Porsche, Otis y Bombardier en Renania del Norte-Westfalia (oeste), donde se prevén 700.000 huelguistas, en Baden-Wurtemberg (sur) y en Brandeburgo, Sajonia y Berlín (este).

IG Metall estudia aumentar la presión el martes llamando a paros de actividades en 143 empresas. El movimiento durará al menos una semana y estuvo precedido de "paros de advertencia" muy localizados, como en Porsche, la semana pasada.

Con 2,3 millones de afiliados, IG Metall -que defiende a los trabajadores de todas las categorías de la industria, desde la siderurgia (Siemens, Thyssenkrupp) hasta el sector automotor (VW, Daimler, Porsche) pasando por la electrónica y el textil- es el mayor sindicato de Europa.

Desde octubre, el sindicato exige para los 3,9 millones de empleados del sector de la metalurgia un aumento salarial del 6%. La federación patronal, Gesamtmetall, propone el 2%.

Esta disparidad no es algo raro en las posiciones de partida de las negociaciones salariales en Alemania. En general, las partes encuentran un punto intermedio.

- Semana de 28 horas -

Pero el conflicto se refiere esta vez sobre todo a una modificación inédita del tiempo de trabajo, el paso de la semana de trabajo de 35 a 28 horas para quienes lo deseen, con una compensación parcial del déficit salarial por parte del empleador.

La fórmula sería válida durante un máximo de dos años y el empleador debería garantizar la posibilidad de regresar al puesto de trabajo a tiempo completo.

La patronal del sector lo considera inadmisible e irrealizable. Estima que casi dos tercios de los asalariados podrían optar a esta modificación del tiempo de trabajo y teme un rompecabezas administrativo y fábricas sin empleados.

También subraya el riesgo de discriminación para los empleados que ya trabajan a tiempo parcial con un salario reducido en la misma proporción que sus horas de trabajo.

Esta cuestión ya fue un obstáculo en las negociaciones del rubro de hace unos meses. Si siguen en punto muerto, el próximo paso podría ser una huelga dura, algo raro en este país marcado por la cultura de la cogestión.

Sin avances de la patronal, será "extremadamente difícil llevar esta negociación salarial a buen puerto limitándose a las huelgas de advertencia", advirtió este fin de semana un responsable de IG Metall, Roman Zitzelsberger.

Los paros laborales acompañan tradicionalmente las negociaciones salariales en Alemania. No obstante, IG Metall no ha organizado ninguna huelga nacional ni ilimitada desde 2003.

Gesamtmetall amenaza con llevar el caso ante los tribunales. El tono entre socios ya es áspero, en un país que se había acostumbrado en los últimos años a unas negociaciones sociales más bien tranquilas, en un contexto económico favorable.

- Coyuntura positiva -

La amenaza de un conflicto de larga duración en las industrias florecientes y clave para Alemania, como la automovilística y la de herramientas mecánicas, preocupa a los patronos del sector.

"Las huelgas no suelen ser un medio apropiado para resolver los conflictos salariales, perjudican a las exportaciones y, por tanto, a la empresa y a los empleados", advirtió Bertram Brossardt, el dirigente de la patronal bávara de la metalurgia y la industria eléctrica.

IG Metall llega a la mesa de negociaciones en posición de fuerza, impulsada por una coyuntura positiva, con todos los índices fundamentales de la economía alemana -empleo, exportaciones, inflación- en números verdes.

Tras haber exigido durante décadas la redistribución de los frutos del crecimiento, esta vez aporta una reivindicación nueva en el paisaje sindical mundial.

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AFP