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Un grupo de mujeres realiza una actuación propagandística en una plaza de Pyongyang el 10 de julio de 2016

(afp_tickers)

Son las 07h00 de la mañana del domingo. En el exterior de la estación de Pyongyang, los tranvías y autobuses están llenos de norcoreanos que se dirigen al trabajo al son de los tambores de una tropa propagandística.

Y para los que no hayan captado el mensaje, una banderola lo pone por escrito: "Camarada ¿cumpliste con tu plan de batalla hoy?"

El tono marcial preside todos los carteles gigantes que adornan los edificios y las calles de la capital norcoreana.

Pyongyang vive desde hace dos meses al ritmo de una nueva campaña masiva de movilización lanzada para impulsar la economía. El objetivo: ayudar al país a contrarrestar las sanciones económicas internacionales votadas tras el ensayo nuclear de enero.

Después de una 'campaña de 70 días' concluida en mayo, Pyongyang lanzó en junio otra, esta vez de 200 días. Se pide a los empleados que trabajen los fines de semana y hagan horas extras.

"Estamos aquí todas las mañanas durante una hora", explica la lideresa del grupo de propaganda femenino que agita, cerca de la estación, las banderas rojas. Escenifica una coreografía sencilla, pero estudiada, al ritmo que marcan los altavoces.

"No es cansado. Nos sentimos orgullosos de hacerlo. Queremos animar a todos los habitantes de Pyongyang a que participen en la campaña", declaró a la AFP a través de un traductor oficial.

- ¿Inútil o contraproducente? -

La acogida del público dista mucho del entusiasmo exhibido por esta treintena de mujeres con falda verde oscuro y camisa blanca. Como mucho echan un vistazo justo antes de salir en los autobuses.

Según expertos extranjeros, estas campañas son inútiles y algunos afirman que tienen un impacto negativo en la productividad, porque agotan a los trabajadores.

La organización Human Rights Watch lo tilda de trabajos forzados.

Para Andrei Lankov, profesor de la Universidad Kookmin de Seúl, las campañas son un espejismo de lo que fueron en su día.

"En los años 1960 y 1970, estas campañas de carácter militar constituían auténticas movilizaciones. Se esperaba que la gente trabajase 14 horas, los siete días de la semana", explica. "Ahora es más que nada un ritual. Las organizan porque es lo que se hacía antes. En mi opinión, pocos norcoreanos se las toman en serio".

Como era de esperar, los medios de comunicación oficiales las elogian. El Rodong Sinmun, órgano oficial del partido en el poder, pregona una subida de entre el 120% y el 130% de la producción y de carbón en el primer mes de la campaña de 200 días.

- Cortes de corriente -

Los cortes de corriente siguen siendo frecuentes en la capital, de todas formas mejor surtida en electricidad que el resto del país.

En los últimos diez años ha surgido un sector privado movido por el afán de autosuficiencia que permitió subsistir a muchos durante la hambruna de finales de los años 1990.

El régimen comunista tolera esta economía oficiosa, aunque la vigila de cerca.

Los norcoreanos que huyeron a Corea del Sur aseguran que las campañas masivas de movilización obstaculizan esta "economía gris", privando a la gente del tiempo libre que necesitan para esta forma de comercio.

El lanzamiento en junio de la actual campaña coincidió con el nuevo plan quinquenal revelado por el líder norcoreano, Kim Jong-Un, en un congreso del partido celebrado en mayo.

Es el primer plan económico de este tipo en décadas. Poco se sabe de este plan, más allá de los objetivos generales, como el refuerzo de la producción, en particular en el ámbito energético.

Según el banco central surcoreano, la economía del Norte se contrajo un 1,1% el año pasado, por primera vez desde 2010.

La escasez de datos económicos impide conocer con exactitud el PIB norcoreano, pero numerosos expertos insisten en que las viejas recetas -como las movilizaciones masivas- no bastarán para contrarrestar los efectos de las sanciones.

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AFP