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Cuatro iraquíes echan un vistazo a los zapatos expuestos en un puesto del gran bazar de Al Zahraa, en el este de Mosul, el 11 de enero de 2017

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En el gran mercado de Al Zahraa, Haj Fawzi trocea carne de res importada "del norte", del Kurdistán iraquí. En este barrio arrebatado a los yihadistas, las tiendas vuelven a estar abiertas. Atrás quedaron los combates.

"Vuelve a haber seguridad, las tiendas del mercado han reabierto y los clientes vienen", comenta encantado Haj Fawzi.

"Lo único que falta es poder salir y volver libremente para aprovisionarse", matiza su hermano Haj Ramzi, dueño de otra carnicería justo enfrente a la suya. Y es que los vecinos todavía no pueden desplazarse fuera de la localidad como se les antoje.

Parte de la segunda ciudad de Irak sigue en poder del grupo Estado Islámico (EI). Las tropas iraquíes aseguraron el miércoles controlar el 80% de la parte occidental, mientras que la oriental sigue completamente en manos de los yihadistas.

Sim embargo, al poder transitarse desde hace unas semanas por la carretera que comunica con el Kurdistán iraquí, los negocios se han reanudado. En los retenes del ejército, a las puertas de la ciudad, se ven camiones llenos de mercancía.

Abdo, de 25 años, aprovechará para abrir, "si Dios quiere", la tienda que tuvo que cerrar a causa de los combates, hasta que las fuerzas iraquíes se hicieron con el control de su barrio, Qadisiya 2, en el este de Mosul.

Entre tanto, el joven se entretiene conectando, por nueve dólares, las casas a un grupo electrógeno. "Cuando la familia no tiene medios, lo hago gratis", afirma el joven.

Desde el tejado de la casa familiar, se divisa todo el oeste de la ciudad. De un barrio cercano, donde los combates arrecian, se alza una humareda. ¿Atentado con bomba? ¿Cohete? "Estamos acostumbrados", suspira Omar, el hermano pequeño de Abdo.

Algunas casas cercanas quedaron completamente destruidas, pero la mayoría de los edificios están en pie. Su pequeña empresa familiar, una tienda en un patio, cerró por los combates entre los yihadistas y las fuerzas iraquíes.

- Maquillaje y pintalabios -

Abdo siguió trabajando cuando la zona se encontraba bajo el yugo del grupo EI. "Los productos venían de Raqa [bastión sirio de los yihadistas] o de Turquía. No vendíamos Coca-Cola, que estaba prohibida, y los bienes sirios autorizados eran francamente malos", destaca.

Los dos hermanos y su madre, Um Omar, esperan que a partir de ahora se pueda importar refrescos, patatas fritas y detergente del Kurdistán iraquí, como antes de que el EI convirtiera Mosul en su bastión en la región, en junio de 2014.

En el mercado, Um Ashraf echa un vistazo al puesto de un vendedor de maquillaje y de pintalabios. Algo impensable cuando el EI controlaba el barrio. "¡Estaba prohibido! Se vendían en el mercado negro", exclama. "Ahora somos libres", añade.

No obstante, las condiciones siguen siendo difíciles, lamenta: "No tenemos agua ni electricidad. Usamos agua de pozo y no es sano".

En la avenida que bordea el mercado, un equipo del Ministerio de Electricidad se afana en reparar la red.

Un poco más lejos, en el césped sintético del Estadio Doha, Omar y una pandilla de adolescentes juegan al balón.

"Bajo Dáesh [acrónimo en árabe del grupo EI], se podía jugar al fútbol, pero teníamos miedo de los bombardeos", sobre todo de la coalición internacional antiyihadista que respalda al ejército iraquí, explica Osama, de 22 años y fan incondicional del jugador argentino Lionel Messi.

"Hoy jugamos al fútbol, a las cartas, fumamos narguilé... pero bajo Dáesh estaba prohibido", cuenta.

El ruido de la enésima explosión en un barrio aledaño no sobresalta a ninguno de los chicos de la pandilla. "Nos hemos acostumbrado", explica Osama.

AFP