Contenido externo

El siguiente contenido proviene de socios externos. No podemos garantizar al usuario el acceso a todos los contenidos.

Un miembro de la comisión electoral ordena unos kit electorales en un almacén en Bangui, República Centroafricana, el 9 de diciembre de 2015

(afp_tickers)

Después de dos años de transición caótica y bajo fuerte presión internacional, República Centroafricana avanza hacia unas elecciones "de la última oportunidad", precedidas este domingo por un referéndum constitucional.

La primera vuelta de las presidenciales y las legislativas, previstas el 27 de diciembre, debería poner fin a la peor crisis del país desde su independencia, en 1960. Pero antes, los centroafricanos están llamados el domingo a las urnas para aprobar la nueva Constitución de la sexta república en un referéndum que hace las veces de 'test'.

Unos dos millones de centroafricanos, de un total de 4,8 millones, se inscribieron en las listas electorales, señal del entusiasmo suscitado por esta votación, pero sin alcanzar la movilización esperada.

En las principales arterias de Bangui, sólo unas banderolas llaman a votar "Sí" en el referéndum, aduciendo que "la paz es en las urnas". Pocos afirman conocer el contenido de la nueva Carta Magna.

"Sigo sin una tarjeta electoral. ¿Puedo votar con un resguardo o un documento de identidad?", se pregunta Natacha, una profesora que tuvo que irse a un campamento de desplazados por la última oleada de violencia que ha causado más de 100 muertos en Bangui desde finales de septiembre. Los enfrentamientos fueron, como de costumbre, entre jóvenes milicianos antibalaka de mayoría cristianos y grupos de autodefensa musulmanes.

Sólo el 26% de los 460.000 de refugiados en países vecinos, muchos de ellos musulmanes expulsados del país en 2013-2014, ha podido inscribirse.

- Desafío logístico -

Estas citas electorales fueron retrasadas varias veces debido a la inseguridad persistente en el país. En las provincias, constituyen un desafío logístico importante, sobre todo para transportar, bajo escolta de los cascos azules, el material electoral a regiones de difícil acceso y con un alto porcentaje de vandalismo.

En Bangui, pese a una cierta calma desde la visita del papa Francisco a finales de noviembre, las fuerzas internacionales (11.000 efectivos de la ONU y 900 franceses) siguen alerta. "Aquí todo puede estallar rápidamente", explica una fuente de seguridad. Además, "algunos aprovechan el caos reinante y quieren que el proceso fracase", agrega.

Varios jefes antibalaka y ex-Seleka, la rebelión de mayoría musulmana que derrocó en marzo de 2013 al presidente François Bozizé antes de ser expulsada del poder en 2014, están acusados de haberse aliado para avivar la violencia en Bangui.

"No se reúnen condiciones para celebrar comicios, primero queremos seguridad", asegura a la AFP Maxime Mokom, de los antibalaka. Pero advierte de que si se retrasan de nuevo, su grupo "dejará de reconocer a las autoridades de transición", dirigidas por la presidenta, Catherine Samba Panza.

- Megáfonos y carteles arrancados -

Varias regiones del este y del norte están en poder de movimientos rebeldes. El exnúmero dos de Seleka, Nourredine Adam, advirtió de que se opondrá al voto en Kaga Bandoro (norte), pese a la presencia de la ONU. Esta semana, unos hombres armados arrancaron megáfonos y rompieron los carteles de un grupo de jóvenes que intentaban explicar la nueva Constitución a los habitantes.

La situación puede ser difícil en Kaga Bandoro y en una o dos localidades más, pero los comicios "se juegan principalmente en Bangui, Ouham y Ouham Pende" (oeste), las dos provincias más pobladas del país, confirma un diplomático europeo.

De todos modos, la comunidad internacional considera estas elecciones como una etapa necesaria. "No es perfecto pero hay que avanzar, sino los donantes de fondos se van a cansar", afirma una fuente conocedora de la situación, según la cual el país no estará en condiciones de pagar a los funcionarios a partir de febrero.

"Son las elecciones de la última oportunidad", advierte el analista Thierry Vircoulon, del International Crisis Group (ICG).

AFP