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Varios miembros de los cuerpos de rescate de Filipinas cargan niños en un camión de evacuación a las afueras de la ciudad de Marawi, en el sur del archipiélago, el 31 de mayo de 2017

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Muhamer Macayman se escondió muerto de miedo durante cuatro días en su precaria vivienda de Marawi, en el sur de Filipinas, rezando por que el fuego cruzado de los militantes islamistas y los militares que los combaten no lo matara.

Como muchos otros, Macayman quedó atrapado cuando combatientes que esgrimían la bandera negra del grupo yihadista Estado Islámico (EI) lanzaron una ofensiva en esta ciudad la semana pasada, provocando enfrentamientos con las fuerzas de seguridad que dejaron de momento más de 170 muertos.

Los trabajadores humanitarios y legisladores locales pidieron en vano un alto el fuego humanitario, advirtiendo que unas 2.000 personas están en grave peligro por el fuego cruzado, los bombardeos del ejército, el hambre o las enfermedades.

Pero Macayman está entre los afortunados y contó a la AFP este jueves los primeros momentos en los que permaneció escondido en su casa junto a su padre, a lo que siguió un épico escape que incluyó un peligroso cruce a nado de un agitado río.

"Permanecimos inmóviles y en silencio y rezamos porque nuestro sufrimiento cese", dijo Macayman, de 21 años.

Macayman, un musulmán, como la mayoría de los 200.000 habitantes de Marawi, contó el miedo que tenía, ya que los militantes yihadistas se encontraban en una posición estratégica mucho mejor que la del ejército, en las alturas.

Al cabo de cuatro días la comida comenzaba a escasear, y el miedo a ser descubiertos llevó a Macayman, su padre y seis personas más de la ciudad a escabullirse en la oscuridad para embarcarse en lo que resultaron ser cuatro días de escape.

Su misión era alertar y buscar ayuda para los niños y otras personas que no podían lanzarse en esa extenuante misión.

"Salir fue difícil porque ellos (los militantes) disparaban desde los techos", dijo Macayman a la AFP, recuperándose en un centro de evacuación.

- Escudos humanos -

En el escape necesitó escalar una montaña de noche y nadar para cruzar el río Agus y alcanzar el sector occidental de la ciudad.

"Uno de nuestros compañeros es muy corpulento y casi se ahoga por la fuerte corriente", dijo a AFP Nasser Abdul, de 45 años, quien participó en la odisea.

Ambos precisaron que no utilizaron luces ni cocinaron durante la noche en el escape por miedo a que los descubrieran.

"Sobrevivimos comiendo fideos secos crudos", dijo Macayman.

Cuando alcanzaron una zona segura y alertaron a las autoridades, el ejército envió un convoy el miércoles para buscar a los vecinos del barrio de Macayman, incluidos los cuatro pequeños hijos de Abdul.

El rescate fue dramático. Los soldados y los civiles fueron atacados por francotiradores. Los militares formaron un escudo humano alrededor de los civiles, que agitaban trozos de tela blanca cuando se dirigían hacia un camión blanco, constató un reportero de la AFP.

Ninguno resultó herido en el ataque, aunque la precaria localidad con cabañas construidas con madera de palmeras lleve los estigmas de la ferocidad del ataque de los militantes.

La casa de un político local fue reducida a escombros. Parte del frente fue volado, al parecer con explosivos.

Una destartalado destacamento policial, con barracas construidas con bambú y techo de paja, fueron carbonizadas hasta el piso.

El teniente coronel Jo-ar Herrera, portavoz militar del Gobierno en la ofensiva para reconquistar Marawi, dijo que la situación era cada vez más desesperante para aquellos que quedaron atrapados y algunos civiles utilizados como "escudos humanos".

"Hay una verdadera sensación de confusión (...) También apremia el tema de la falta de comida, la falta de agua y la falta de protección", dijo.

Los militares filipinos bombardearon también implacablemente los lugares en donde se esconden los hombres armados.

Las autoridades insisten en que los bombardeos aéreos son "quirúrgicos", pero poniendo en evidencia los peligros para todos los que se encuentran en tierra, el ministro de Defensa, Delfin Lorenzana, anunció en Manila que 11 soldados murieron el miércoles por un bombardeo del ejército.

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AFP