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Dilma Rousseff, durante una reunión el martes 29 de marzo en el palacio presidencial de Planalto, en Brasilia

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La presidenta brasileña Dilma Rousseff, debilitada por la deserción del principal aliado de la coalición de gobierno y con una popularidad en mínimos, trataba el miércoles de retomar la iniciativa para impedir su destitución por el Congreso.

La mandataria diseñaba un nuevo gobierno para hacer frente a la salida de la coalición del centrista Partido Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) del vicepresidente Michel Temer, que dio su apoyo abierto al impeachment impulsado por la oposición por supuesta manipulación de las cuentas públicas.

Rousseff, de 68 años, volvió a denunciar una tentativa de "golpe de Estado" y criticó a sus adversarios por instaurar un clima "de intolerancia y odio".

"El impeachment está inscrito en la Constitución, pero aquí estamos discutiendo un impeachment muy concreto, sin crimen de responsabilidad, y eso se llama 'golpe'", expresó la mandataria del Partido de los Trabajadores (PT), aclamada por los participantes en un acto oficial de entrega de viviendas populares.

En paralelo, el expresidente Luiz Inacio Lula da Silva (2003-2010) buscaba movilizar a la militancia, en marchas convocadas el jueves en todo el país contra el impeachment de Rousseff.

Lula liderará la marcha de Brasilia.

El PT ya movilizó en marzo a cerca de 300.000 personas, una cifra lejana a las tres millones que reunió la oposición unos días antes para pedir la salida de Rousseff.

La mandataria, elegida en 2010 y reelegida en 2014, enfrenta una dura crisis económica y una multiplicación de escándalos que derrumbaron su popularidad.

Las personas que afirmaban no confiar en la presidenta de izquierda llegaron en marzo a un 80%, según una encuesta realizada por el instituto Ibope para la Confederación Nacional de Industrias (CNI).

La economía tampoco da respiro y el país se prepara a vivir su segundo año de recesión, con una agravación del desempleo y un deterioro de las cuentas públicas.

El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, dijo que aunque la crisis "por ahora es un problema político doméstico (...), cualquier inestabilidad política en Brasil es una preocupación".

"Pido a los líderes que adopten soluciones armónicas y tranquilas", indicó en una entrevista publicada por el diario O Estado de Sao Paulo de este miércoles.

- Recomponer la coalición -

Rousseff debe reconstruir una base de apoyo parlamentario para su gobierno, negociando con otros partidos los cargos que dejará vacantes el PMDB.

El gobierno cuenta aún con seis ministros de esa formación centrista, quienes aún no han presentado su renuncia, pese al estruendoso anuncio de ruptura hecho la víspera por la dirección de su partido.

Según fuentes del PMDB, tendrían un plazo implícito para entregar sus cargos hasta el 12 de abril, aunque algunos se muestran reticentes a entregar sus carteras.

La ministra de Agricultura, Katia Abreu, aseguró por Twitter que estaba decidida a seguir en el cargo, quería continuar en el gobierno y en el partido. "Seguiremos en el gobierno y en el PMDB (...). Dejamos (el cargo) a criterio de la presidenta, por si necesita espacio para recomponer su base", escribió en Twitter.

Según la prensa, Abreu se expresaba en nombre de los seis ministros del PMDB. Su asesoría de prensa y la de los demás concernidos, consultados por la AFP, declinaron comentar el twit.

El ministro de Deportes George Hilton, de un partido que también desertó del gobierno, entregó el cargo el miércoles cuatro meses antes de los Juegos Olímpicos de Rio.

La jefatura de gabinete es de Lula, pero su nombramiento fue bloqueado por la justicia por sospechar que podría tratarse de un ardid para obtener fueros privilegiados en las investigaciones que el juez de primera instancia Sergio Moro le abrió por supuesta corrupción, en el megaescándalo de la estatal Petrobras.

Ese caso envenena desde hace dos años la vida política y el clima de negocios de Brasil, salpicando a dirigentes de prácticamente todo el arco político.

Con todo, Lula se ha reunido con líderes de varios partidos para intentar ganar con cargos su apoyo crucial, sobre todo en la fragmentada Cámara de Diputados, que debe votar una eventual moción de impeachment antes de que pase al Senado.

El PMDB, en alianza con el opositor socialdemócrata PSDB, arrancó por su parte gestiones para ofrecer ministerios y puestos en un eventual gobierno de Temer, quien completaría el mandato de Roussef, hasta 2018, en caso de que prospere el impeachment.

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AFP