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Unos sirios se concentran el 2 de febrero de 2017 en Budapest, junto a un cartel con la imagen del presidente ruso, Vladimir Putin, y la leyenda "Gracias Rusia"

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En Alepo, los retratos de Vladimir Putin se mezclan con los de Bashar al Asad, ilustrando la influencia de Moscú en el inicio del séptimo año de guerra en Siria, en detrimento de Irán, el otro gran aliado del régimen.

Según varios políticos sirios y un experto ruso, la rivalidad entre Moscú y Teherán cada vez es más palpable.

El Irán chiita se jacta de haber intervenido desde el principio, en marzo de 2011, en el conflicto respaldando al régimen del presidente Asad con efectivos, material y una ayuda económica.

Pero Rusia, que entró en acción el 30 de septiembre de 2015, fue la que revirtió la situación a expensas de los rebeldes en el terreno.

"Aunque los dos países apoyan al régimen, su estrategia difiere para ganar la batalla a la rebelión", explica un diputado sirio, que no quiso ser identificado.

- Diferencias sobre Alepo -

Tras su acercamiento inesperado con Ankara en 2016, Moscú considera que la victoria en Siria pasa por un compromiso con Turquía, que respalda a la oposición y controla la frontera norte.

Ahora bien, Teherán rechaza este acercamiento.

En una entrevista emitida el jueves, el ministro de Relaciones Exteriores iraní, Mohamad Javad Zarif, reconoció "diferencias de opinión sobre algunos puntos", pero descartó "cualquier división entre Irán, Siria y Rusia sobre cuestiones importantes".

Las diferencias se materializaron durante la batalla de Alepo, segunda ciudad de Siria, que cayó por completo en diciembre en manos del régimen.

Los iraníes y sus milicias buscan la capitulación total de los insurgentes asentados en su último reducto, según una fuente próxima al régimen de Alepo.

Pero los rusos han propuesto un acuerdo con los turcos y han obtenido la salida segura para 34.000 personas, provocando el enfado de Irán y del Hezbolá libanés pro-iraní.

Estos últimos al final, como pequeño consuelo, consiguieron vincular esta salida con la evacuación de civiles heridos de los pueblos chiitas cercados por los rebeldes en la provincia de Idlib (noroeste), Fua y Kafraya.

- No a un frente en Idlib -

Desde entonces, la tensión no ha cesado. Después de la captura total de Alepo, se pactó un alto el fuego el 30 de diciembre entre Moscú y Ankara, sin la participación de Teherán.

Irán, sin embargo, ha sido uno de los patrocinadores de las negociaciones que tuvieron lugar en enero entre el régimen y los rebeldes en Kazajistán.

Pero otro de los puntos de desacuerdo ha sido el proyecto de ofensiva sobre la provincia de Idlib, controlada por los yihadistas y los rebeldes.

Rusia frenó el deseo de Teherán de lanzar un asalto para desbloquear el asedio de Fua y Kafraya.

Abrir un frente así, tan cerca de la frontera turca y contra rebeldes respaldados por Ankara, corre el riesgo de provocar una confrontación directa con el Gobierno turco, lo cual no es una prioridad para Moscú.

"Rusia desconfía de Turquía, pero prefiere contenerla para limitar sus movimientos, en vez de atacarla frontalmente", asegura un político sirio.

- ¿10.000 militares rusos? -

Los combatientes de confesión chiita "representan un gran contingente" en Siria y las "relaciones (de Rusia) con ellos son muy complicadas", indica a la AFP el analista militar independiente ruso, Pavel Felguenhauer.

Además, "la presencia rusa en Siria aumenta rápidamente. Desde otoño, el número (de militares) casi se ha duplicado y pronto llegará a 10.000", precisa.

Aunque Rusia anunció una disminución de su presencia, sobre todo de aviones de combate, admitió, por otra parte, el aumento del número de militares en el terreno.

Moscú busca al mismo tiempo conservar sus milicias en tierra, al igual que Irán, que cuenta con Hezbolá y con voluntarios chiitas iraquíes o afganos.

"Rusia es una gran potencia con una visión geoestratégica en la que se inscribe Siria, mientras que Irán es una potencia chiita regional", asegura el mismo político sirio.

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AFP