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La cantante ucraniana Jamala, al llegar a Kiev tras ganar el festival de Eurovisión, el 15 de mayo

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El triunfo de Ucrania en el Festival de Eurovisión con una canción que habla de la deportación de los tártaros de Crimea ordenada por Stalin, hizo rechinar dientes este domingo en Rusia, donde se alzaron voces denunciando una victoria "política" a expensas del candidato ruso, gran favorito.

"Eurovisión se transformó en batalla política", dijo en Twitter Alexei Pushkov, presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores en la cámara baja del Parlamento ruso.

Con Rusia y Ucrania, los dos favoritos y cuyas relaciones son cada vez más difíciles, estaban reunidas las condiciones para que la geopolítica animara el concurso, como ocurre con regularidad.

No es por tanto sorprendente que los rusos vieran con malos ojos que su representante Serguei Lazarev, favorito de los apostadores y quien encabezaba la votación de los telespectadores, fuera superado por la candidata ucraniana para quedar finalmente en el tercer lugar.

En '1944', la cantante Jamala, tártara de Crimea, menciona la deportación de su pueblo por las autoridades soviéticas durante la Segunda Guerra Mundial. Rusia, que se anexó Crimea en marzo de 2014, vio ahí un sesgo "político" y protestó, en vano, contra esa elección.

"No fue la cantante ucraniana y su canción '1944' los que ganaron Eurovisión 2016, fue la política la que primó sobre el arte", afirmó a las agencias rusas el senador Franz Klintsevich, quien llamó a que los rusos boicoteen la próxima edición que se celebrará en Ucrania.

Los tártaros de Crimea, una comunidad musulmana, se oponen a las autoridades rusas desde la anexión de esta península ucraniana y sufren una fuerte presión de su parte.

Ucrania acusa a Moscú de apoyar militarmente a los separatistas prorrusos del este del país. El conflicto ha dejado al menos 9.300 muertos y más de 1,5 millones de desplazados desde abril de 2014, y tensó las relaciones entre Rusia y Occidente.

Para el presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, Konstantin Kosachev, "la geopolítica dominó". Y, según él, esta victoria en Eurovisión puede dar alas a los dirigentes ucranianos y comprometer de esa manera el difícil proceso de paz en el este de Ucrania.

La portavoz de la diplomacia rusa Maria Zajarova ironizó en Facebook, donde escribió que para ganar el año próximo sería necesario escoger una canción a propósito del "sanguinario" presidente sirio Bashar el Asad, apoyado por Rusia.

- Victoria 'robada' -

La televisión pública, cuyos comentaristas restaron importancia al tema de la canción ucraniana, protestaba el domingo contra un resultado "ostensiblemente politizado".

Insistió en su noticiero en que Serguei Lazarev encabezó los votos de los telespectadores, incluso ucranianos, pero que fue penalizado por el voto de los profesionales.

De manera más directa, el diario de difusión Komsomolskaya Pravda publica en su página web un artículo titulado 'Cómo el jurado europeo robó la victoria de Lazarev'.

A su llegada a Kiev, Jamala, aclamada por cientos de personas que coreaban "¡Crimea es Ucrania!", declaró que el resultado del concurso "significa que mi historia fue escuchada, la historia de los tártaros de Crimea fue escuchada, la historia de Ucrania fue escuchada y el dolor fue escuchado".

"No importa que el triunfo de Ucrania moleste al Kremlin", dijo Ganna Gopko, presidenta de la comisión de Relaciones Exteriores del parlamento ucraniano. "No es solo una victoria en Eurovisión, es la victoria de los valores", dijo a la AFP.

Entre los tártaros, algunos no ocultaron su satisfacción. Lenur Isliamov, empresario que participó en el bloqueo de la circulación entre Ucrania y Crimea el año pasado para protestar contra su anexión, se congratuló por la "primera victoria contra la Rusia de Putin".

Hasta ahora, la geopolítica había irrumpido en Eurovisión antes de la final: en 2009 los organizadores rechazaron la canción georgiana 'We Don't Wanna Put In', vista como una crítica transparente al presidente ruso.

En 2015, pidieron a Armenia cambiar las palabras del título de su canción, que era una alusión muy directa al rechazo de Turquía de hablar de genocidio a propósito de las masacres de armenios un siglo antes.

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AFP