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El presidente Donald Trump anuncia la salida de Estados Unidos del acuerdo firmado por unas 190 naciones en París sobre cambio climático, por ser un "mal acuerdo", el 1 de junio de 2017, en Washington

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Con la estruendosa salida de Estados Unidos del acuerdo de París sobre el clima, el presidente Donald Trump comenzó a ser acusado de debilitar el liderazgo global de su país, correr el riesgo de dejarle ese espacio a China y Europa y debilitar también la cooperación internacional.

Al anunciar solemnemente en los jardines de la Casa Blanca de Washington la salida de este histórico acuerdo multilateral suscrito por 195 países, el presidente republicano invocó sus lemas de campaña "Estados Unidos primero" y "Hagamos a Estados Unidos grande de nuevo".

Mientras la economía más rica del mundo dio la espalda a ese acuerdo que era visto por muchos como la última y mejor esperanza de frenar el calentamiento global, otras naciones se comprometieron a reforzar su compromiso.

Pero el hueco será difícil de llenar y alienará a una Europa ya conmocionada y una China bajo sospecha. Estados Unidos nunca ratificó el anterior acuerdo climático -el Protocolo de Kyoto en 1997-, socavando su credibilidad y poder de reducir eficazmente las emisiones de carbono.

Sin embargo, cuando el mundo se reunió de nuevo en 2015 para discutir y construir un acuerdo mejor, Estados Unidos, bajo la administración del demócrata Barack Obama, defendió una postura ambiciosa. Su músculo diplomático y económico fue vital para lograr apoyo de varias potencias emergentes y grandes contaminantes, como India, y llegar a un acuerdo con China.

El entonces secretario de Estado, John Kerry, estuvo presente el 12 de diciembre de 2015 para guiar el muy debatido texto hacia un acuerdo en París, firmado en un emotivo acto. Y en abril de 2016 se sentó con su nieta sobre sus rodillas en las Naciones Unidas, junto a los demás países del mundo, excepto Siria y Nicaragua, que lo suscribieron también.

El jueves, Kerry estaba furioso por el daño que siente que esta decisión de Trump le hará al planeta y las futuras generaciones, pero también al prestigio de su país.

"Esta es una pérdida sin precedentes de liderazgo estadounidense", declaró en un comunicado desde su oficina de la Fundación Carnegie.

Esta decisión, advirtió Kerry, "nos costará influencia, costará puestos de trabajo, e invitará a otros países a alejarse de la solución de la crisis más existencial de la humanidad".

"Aislará a Estados Unidos después de que habíamos unido al mundo", añadió.

- Washington aislado y cediendo -

Los primeros signos de ese mencionado aislamiento no se han hecho esperar.

Francia, Alemania e Italia emitieron una declaración inmediata desechando la vaga oferta de Trump para negociar un nuevo acuerdo con mejores garantías para la industria de Estados Unidos.

A su vez, la Comisión Europea ha expresado su interés de centrar en Bruselas el liderazgo abandonado en la lucha contra el cambio climático y aseguró que el mundo "puede contar con Europa".

En la ONU también hubo una inmediata reacción. La decisión de Estados Unidos constituye una "gran decepción", afirmó el jueves Stéphane Dujarric, portavoz del jefe del organismo, Antonio Guterres. "Es esencial que Estados Unidos conserve un papel dirigente en los asuntos ambientales", dijo Dujarric.

Pero la resolución de Trump dejó en evidencia la debilidad de los logros de Obama y Kerry, quienes, si bien convencieron y ganaron el apoyo de India y China entre otros, sabían que nunca obtendrían la ratificación del Senado de Estados Unidos. El acuerdo por consenso que buscaban no era, por lo tanto, un tratado que obligara a sus sucesores.

Trump, con apoyo de gran parte del Partido Republicano y ampliando su número de votantes, ya era escéptico de cualquier medida que limitara el desarrollo de la industria tradicional local.

En el Congreso, los republicanos han, en general, aplaudido la decisión del presidente, mientras que los opositores demócratas denunciaron un "retroceso enorme del liderazgo global de Estados Unidos", según palabras del senador de la Comisión de Asuntos Exteriores, Ben Cardin.

Observadores rápidamente detecaron las huellas de Steve Bannon -un autodeclarado "nacionalista económico"-, el influyente estratega que rechaza cualquier intento de supervisión internacional sobre el gobierno estadounidense.

Precisamente, Trump dijo en su discurso que el resto del mundo había respaldado el acuerdo de París por "la simple razón de que podía poner a nuestro país ... en una muy, muy grande desventaja económica" y que la salida era "la reinserción de la soberanía" de Estados Unidos.

Otras muestras de esas posturas son la salida del Acuerdo comercial de Asociación Transpacífico (TPP por su siglas en inglés) y los anuncios de renegociar el tratado de libre comercio norteamericano NAFTA.

"La Administración Trump dijo que su interés económico primario está en puestos de trabajo, la innovación y competitividad", dijo Richard Morningstar, exembajador de Estados Unidos ante la UE y hoy director del Centro de Energía Global en el Consejo del Atlántico.

"Pero con esta acción estamos cediendo en tecnologías y temas climáticos ante los nuevos líderes de China y Europa", advirtió.

De su lado, Samantha Gross, del Instituto Brookings, declaró: "Nuestra retirada también abre un espacio geopolítico por el liderazgo en cuanto al clima que puede o no ser llenado".

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AFP