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Rashida, una niña siria de 13 años, camina con su hermano entre las tiendas del campamento donde viven, en Ain Issa (Siria), tras huir de la localidad de Raqa por la violencia yihadista, en una imagen distribuida por la ONG Save the Children

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Durante noches enteras Rashida, de 13 años, no lograba conciliar el sueño por el trauma infligido por los horrores que presenció en Raqa, bastión del grupo EI en Siria. Como ella, otros menores viven "atormentados" y necesitan con urgencia apoyo psicológico, denunció este lunes la ONG Save the Children.

La organización advirtió de que podrían ser necesarias décadas para que estos menores puedan superar las heridas psicológicas derivadas de haber vivido en Raqa, una localidad que se convirtió en el bastión del grupo yihadista Estado Islámico (EI).

La ONG entrevistó a menores que junto a sus familias lograron huir de la ciudad ante la ofensiva de las milicias kurdo-árabes, apoyadas por Estados Unidos.

"Los niños de Raqa pueden parecer normales pero por dentro muchos están atormentados por todo lo que han visto", dijo la directora de la ONG para Siria, Sonia Khush.

Rashida huyó con su familia hace tres meses hacia un campamento de desplazados en el norte de Raqa.

"El EI decapitó a gente y dejó sus cadáveres en el suelo. Yo vi esto y no pude soportarlo", contó. "Quería dormir pero no puedo cuando recuerdo esas cosas que vi. Y no duermo y me quedó despierta por el miedo que siento", agregó.

Desde que el grupo EI se hizo con la ciudad al principio de 2014, la localidad se convirtió en el símbolo de los crímenes del grupo: decapitaciones públicas, dilapidaciones y propaganda yihadista en las escuelas.

"Ya no se puede hablar de infancia", dijo el padre de Rashida, que intentó que sus hijos no presenciaran esos horrores, pero poco a poco se fueron acostumbrando a esos macabros incidentes.

Cerca de 25.000 personas, de los cuales la mitad son niños, permanecen atrapados en Raqa, según la ONU.

Yaacoub, sus nueve hermanos y sus padres tuvieron que escapar de la mira de un francotirador para salir de Raqa hace tres meses.

El niño de 12 años y su familia vieron todos los castigos que el grupo EI ejerció contra la población civil: dilapidaciones, amputaciones de los dedos a los fumadores y personas a las cuales se les cosió la boca.

"Ellos llenaron la glorieta con las cabezas que habían cortado. Los vimos haciéndolo y cortándoles las manos", contó Yaacoub.

"Es crucial que los niños que han sobrevivido reciban apoyo psicológico para ayudarlos a superar el trauma", dijo Khush, que advirtió que de lo contrario se podría "condenar a una generación de niños a una vida entera de sufrimiento".

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AFP