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Montaje con imágenes de la presidenta del Frente Nacional, Marine Le Pen (i), el 30 de enero de 2014 en Nanterre, y de la candidata del Frente Nacional para la región Provenza Alpes Costa Azul, Marion Marechal Le Pen, el 14 de enero de 2014 en París

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Los franceses votan el domingo en la segunda vuelta de las elecciones regionales, tras una semana marcada por la omnipresencia de la extrema derecha y divisiones en la izquierda en el poder y la oposición de derecha.

El Frente Nacional (FN), de Marine Le Pen, que encabezó los resultados a nivel nacional en la primera vuelta (28%, y hasta el 40% en el norte y en el sureste), espera ganar en varias de las 13 regiones, apostando a la vez por el rechazo de los partidos tradicionales, incapaces de superar la crisis económica, y por el miedo provocado por los atentados yihadistas el 13 de noviembre en París.

Sería la primera vez en la historia francesa que el FN gobierna una región, 18 meses antes de las presidenciales de 2017, que la líder de la ultraderecha francesa considera hoy a su alcance.

No obstante, las previsiones de los sondeos son inciertas: Marine Le Pen, de 47 años, que se presenta en la gran región Norte Paso de Calais Picardía, podría ser derrotada por estrecho margen por el candidato de la derecha, Xavier Bertrand (partido Los Republicanos, LR), en favor del cual la lista socialista -tercera en número de votos- se retiró.

En la región Provenza Alpes Costa Azul (sureste), Marion Maréchal Le Pen, de 26 años, sobrina de Marine, podría perder por escasa diferencia frente al conservador Christian Estrosi, que también se beneficia de la retirada de los socialistas y su llamamiento a votar a la derecha para frenar al Frente Nacional.

Pero el FN tiene igualmente posibilidades de ganar en la gran región noreste (Alsacia Champaña Ardenas Lorena) y en Borgoña (este).

- Estrategia impuesta -

El principal partido de la derecha francesa, Los Republicanos, no pudo impedir el deslizamiento de una parte de sus electores hacia la extrema derecha y aparece como el gran perdedor de la primera vuelta, con un 27% de los votos y en cabeza en solo cuatro regiones.

Su líder, el expresidente Nicolas Sarkozy (2007-2012), que tiene la ambición de regresar a la presidencia en 2017, rehusó retirar sus listas en las regiones en las que quedaron en tercera posición.

Los Republicanos están divididos respecto a la estrategia impuesta por Sarkozy, partidario de combatir al FN adoptando sus temas predilectos de la seguridad, la inmigración y la identidad nacional. Esa posición, adoptada ya por Sarkozy en las presidenciales de 2012, en la que fue derrotado por François Hollande, legitima, según sus detractores, a la ultraderecha que él pretende combatir.

"Para muchos electores, el FN se va a convertir en el partido de la derecha mejor situado para ganar (las presidenciales), el más próximo de sus posiciones, el más fiable", estima el politólogo Joël Gombin, que augura un futuro próximo "muy difícil para Los Republicanos".

En cuanto a la izquierda, que gobernaba hasta ahora todas las regiones menos una, resistió mejor de lo previsto si se toman en cuenta los resultados de todas las listas que se reivindican de ella: el 23% de los socialistas y el 11% obtenido conjuntamente por los ecologistas y la extrema izquierda. Pero esa división en la primera vuelta, resultado del desacuerdo con el giro liberal adoptado por el presidente Hollande y el primer ministro Manuel Valls, va a costarles caro. Después de sus derrotas en las elecciones municipales de 2014 y en las departamentales de 2015, el PS y sus alidados parecen atrapados en una espiral de retroceso.

La gran incertidumbre de la segunda vuelta es la actitud que adoptarán el 50% de electores que se abstuvieron en la primera. Esa abstención muestra la desilusión política de muchos ciudadanos.

En los suburbios populares, "la mayor desmovilización se registra en las comunas que contribuyeron más a la victoria de François Hollande", señala el politólogo Antoine Jardin.

"El único argumento de movilización de la izquierda y de la derecha ha pasado a ser vencer a su adversario, es decir, al FN. No hay nada menos movilizador, sobre todo en el contexto de cansancio democrático en el que se encuentra el país", sostiene Gomblin.

El resultado del domingo dependerá en gran medida de la amplitud de la movilización de esos abstencionistas para bloquear al FN o para respaldar a ese partido que se reivindica "antisistema".

AFP