Los rumanos votaban este domingo en la segunda vuelta de la elección presidencial, en la que el presidente saliente, el proeuropeo Klaus Iohannis, es favorito frente a la ex primera ministra de izquierda Viorica Dancila.

Iohannis, de 60 años, electo presidente en 2014, ganó con amplia ventaja la primera vuelta de la elección celebrada el 10 de noviembre, al obtener 38% de los sufragios contra 22% para Dancila.

"Voté por una Rumania moderna, europea, normal", declaró este domingo.

A media jornada, una cuarta parte de los 18,2 millones de inscritos habían votado.

La movilización era particularmente fuerte entre los 4 millones de rumanos que viven en el exterior, para quienes los centros de votación abrieron la mañana del viernes.

"Voté pensando en mis hijos que emigraron a Estados Unidos. Espero que vuelvan a Rumania y encuentren trabajo aquí", dijo a la AFP Elena, una jubilada de 70 años.

Esta elección, 30 años después de la caída del Muro de Berlín, debería confirmar el anclaje europeo de Rumania, a contracorriente de otros países del antiguo bloque comunista como Hungría y Polonia, donde tienen eco los discursos soberanistas y nacionalistas.

"Iohannis representa la única opción europea y euroatlántica" y garantiza la "predicibilidad" de la política exterior de Bucarest, socavada por decisiones controvertidas de los socialdemócratas, dijo a la AFP el exjefe de la diplomacia, Cristian Diaconescu.

Dancila, de 55 años, impulsada por Liviu Dragnea, exjefe del Partido Socialdemócrata (PSD) hoy encarcelado por corrupción, centró su campaña en la "defensa de los rumanos".

"Voté por un mandato presidencial donde se vea más compromiso, respeto por el pueblo rumano y por nuestros intereses nacionales", declaró.

Tras 21 meses caóticos, el gobierno de Dancila fue derrocado en octubre por el parlamento y reemplazado por un gabinete de centro derecha bajo la dirección del Partido Nacional Liberal (PNL), del que proviene Iohannis.

Esta brutal salida de escena debilitó la candidatura de la ex primera ministra en un contexto en el que el PSD, que ha dominado la vida política rumana desde 1990, multiplicó los reveses tras su victoria en las legislativas de 2016.

- Un país que cambia -

Durante sus casi tres años de convivencia agitada con la izquierda, Iohannis libró una guerra de desgaste para obstaculizar la reforma del sistema judicial llevada a cabo por el PSD.

Según el sociólogo Alin Teodorescu, esta reforma, denunciada por Bruselas como un atentado al Estado de derecho, fue impugnada durante meses por decenas de manifestantes y costó al PSD más de un millón de votos.

Los socialdemócratas, herederos del antiguo partido comunista, incluso perdieron popularidad en sus bastiones. La emigración y el acceso a internet, que han permitido a los rumanos descubrir Europa occidental, modificó sus preferencias electorales en detrimento del PSD, según el antropólogo Vintila Mihailescu.

Hace dos semanas, Dancila recogió menos del 3% de los votos entre los emigrantes en busca de mejores condiciones de vida.

Séptimo país más poblado de la Unión Europea con 19,4 millones de habitantes, Rumania presenta profundas disparidades entre los centros urbanos, cuyo nivel de vida se acerca al europeo, y las zonas rurales, de las más pobres del continente. Uno de cada dos rumanos vive en el campo.

Iohannis se describe como "baluarte de la democracia" frente a un "régimen tóxico", y Dancila lo califica de "hombre cobarde y arrogante, dictador".

Dancila, que se juega su supervivencia al frente del PSD, destacó el fuerte crecimiento económico durante su mandato (4,1% en 2018), impulsado por aumentos en las pensiones y salarios en el sector público. Pero la UE y FMI temen que esto dispare el déficit.

Los centros electorales cierran a las 19H00 GMT.

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