A la sombra de unos árboles en la arena inmaculada de Anse Bazarca, una playa de la isla de Mahé, Nareen, un seychellense de 32 años, se sirve un vaso de ron, mientras unos pargos se doran en la barbacoa y suena un reggae en la radio.

La tradición local obliga a Nareen y su familia a disfrutar del fin de semana en una de las muchas playas libres de basura que hacen famoso el archipiélago. Únicos turistas a la vista a unos 50 metros de distancia, un pareja juega con sus pies en las aguas turquesas del Océano Índico.

"No tenemos turismo de masas en las Seychelles y eso es muy bueno", sonríe sobre un yate de lujo la seychellense, quien trabaja en el sector turístico, el cual contribuye a más del 60% del PIB del único país de África considerado de "alto ingreso" por el Banco Mundial.

Paraíso del turismo de lujo, las islas Seychelles recibieron más de 360.000 visitantes en 2018, principalmente europeos, dos veces más que hace diez años, y casi cuatro veces la población del país (95.000 habitantes).

"Más turistas es mejor para la economía, pero eso no es lo único que importa en Seychelles", señala Nareen, resumiendo perfectamente los debates que animan a este archipiélago de 115 islas amenazadas por el cambio climático y promotor de un turismo respetuoso con el medio ambiente.

Porque si bien Seychelles, golpeada por la crisis financiera de 2008, se recuperó gracias al turismo, el país se cuestiona seriamente sobre el número de visitantes que puede recibir.

A la espera de los resultados de una investigación sobre el asunto, el gobierno decretó en 2015 una moratoria sobre la construcción de grandes hoteles en las tres islas principales, Mahé, Praslin y La Digue, para proteger su medio ambiente y promover establecimientoas más pequeños controlados por los seychellenses.

En las islas exteriores, las autoridades practican una política bautizada "una isla, un resort".

"La idea es controlar el número de turistas controlando el número de habitaciones de hotel", señaló el ministro de Turismo, Didier Dogley.

"Nuestra estimación es que podemos llegar a 500.000 turistas por año", dijo, subrayando que el número actual de habitaciones de hotel es de 6.000 y que la construcción de 3.000 adicionales está prevista en el marco de proyectos aprobados antes de la entrada en vigor de la moratoria.

- 'No como en España' -

Casi la mitad de los 455 km2 del país está clasificado como zona protegida. La parte protegida de su inmenso territorio marino de más de 1,3 millones de km2 alcanzará el 30% en 2020, en el marco de un programa de recompra de una parte de la deuda pública por organizaciones de defensa del ambiente, contra este compromiso.

Dos sitios naturales son considerados patrimonio mundial de la UNESCO, el valle de Mai y sus celebres cocos de mar, así como el atolón de Aldabra y sus tortugas.

Y, con pocas excepciones, en las playas hay absoluta quietud. La mayoría de los hoteles están entre la densa vegetación tropical que parece un jardín del Edén.

"Pero todo depende evidentemente de las normas que se impongan", analiza Nirmal Shah, director ejecutivo de la oenegé de defensa del medio ambiente Nature Seychelles, que estimó que en muchos lugares, como en La Digue, ya se llegó a su capacidad máxima.

Según Shah, las Seychelles "no tienen ningún deseo" de ver sus costas llenas de construcciones "como en algunos lugares de España".

Un domingo de noviembre, en Grand Police, a pocos km al sur de Anse Bazarca, apenas una veintena de turistas comparte una playa de más de 600 metros.

La población se opuso a un proyecto de hotelero, recordando la importancia de la biodiversidad de una zona pantanosa vecina, en medio de la frustración porque grupos de la región del Golfo controlan grandes hoteles en Seychelles.

- Turismo a dos velocidades -

"En relación a nuestra población, el número de turistas es enorme, y es dificil absorber la huella de tantos visitantes", opina Shah, al destacar que más de un cuarta parte de la mano de obra se importa, principalmente en el turismo y la construcción, en un país que experimenta una situación de pleno empleo.

Aunque los grandes grupos hoteleros aplican medidas como la reducción del plástico, gestión conjunta de zonas protegidas, ahorro de energía, el impacto de sus hoteles de lujo es importante.

A pesar de los incentivos del Estado, los establecimientos más pequeños de Seychelles no siempre tienen los medios para invertir en medidas similares, subrayó.

"No sabíamos mucho del lado ecológico del turismo en las Seychelles, y no es lo que nos motivó a escoger este destino, pero una vez aquí es algo que nos llamó la atención", dijo Romain Tonda, un turista francés de 28 años que visitó la isla de Cousin, una reserva natural.

"Se ve que es algo muy importante para los seychelenses", destacó el francés que pasó su luna de miel en Seychelles.

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