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Los altos hornos de la planta británica de Scunthorpe de Tata Steel en una fotografía tomada el 31 de marzo de 2016

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El gigante siderúrgico indio Tata Steel anunció este lunes que llegó a un acuerdo con el fondo británico Greybull Capital para cederle una de sus divisiones europeas, que emplea a 4.800 trabajadores, como parte del proceso de venta de sus fábricas en el Reino Unido.

En un momento en que la industria siderúrgica europea se enfrenta a una profunda crisis, la empresa india logró un acuerdo con el fondo británico Greybull Capital para cederle parte de sus actividades por la suma simbólica de una libra (1,40 dólares, 1,25 euros).

Esta división incluye una planta en Francia y otra en el norte del Reino Unido, en las que trabajan unas 400 y 4.400 personas, respectivamente.

El gobierno británico está mediando en el proceso de venta de los activos en el Reino Unido, donde Tata emplea a un total de 15.000 personas.

El ministro de Empresas británico, Sajid Javid, dijo frente al parlamento que el gobierno podría realizar una inversión conjunta con el sector privado para que las fábricas permanezcan abiertas.

Menos de dos semanas después del anuncio de que la empresa venderá sus activos en el Reino Unido, Tata Steel confirmó este lunes que inició el proceso.

"El proceso formal arrancó hoy", anunció en un comunicado la empresa india.

La principal razón son las dificultades de un sector que, como la minería, encarnó el esplendor industrial británico y hoy lucha por sobrevivir a la competencia del acero chino, exportado a precios imbatibles, y a la caída de la demanda.

Tata Steel también alude a los elevados costes de fabricación en el Reino Unido, la débil demanda de acero en el mercado local y la volatilidad de la moneda.

"Esta transacción va a permitir que haya un futuro para la división Long Products Europe (LPE) y sus 4.400 empleados en el Reino Unido", dijo Hans Fischer, presidente de las operaciones europeas de Tata Steel.

El anuncio de Tata de que pensaba vender su división británica provocó críticas al gobierno de David Cameron, al que se acusó de no defender al acero británico de la competencia desleal china para no perjudicar las relaciones con Pekín.

Cameron, que descartó la nacionalización de la industria, y su gobierno están acusados de haberse opuesto a los esfuerzos de la Unión Europea (UE) para subir sus barreras arancelarias y proteger así su acero frente a las importaciones chinas.

- Mantener la producción -

Los trabajadores piden al gobierno que "se asegure de que Tata cumple con sus responsabilidades como vendedor y de que la producción de acero se mantiene hasta que se encuentre un comprador", informó el sindicato Community, de los empleados siderúrgicos.

Javid viajó la semana pasada a India para reunirse con los directivos de Tata y amortiguar el impacto de la venta en los puestos de trabajo.

El ministro se reunirá el martes con el magnate indio Sanjeev Gupta, cuya empresa Liberty House podría salvar las fábricas amenazadas, entre ellas la gran factoría de Port Talbot, en Gales, que emplea a 4.000 personas.

Gupta sugirió que podría hacerse con la actividad siderúrgica en manos de Tata, sin supresiones de empleo, y reorientando parcialmente su actividad.

Pero el domingo enfrió esas esperanzas en unas declaraciones al Sunday Telegraph. "Querría hacerlo, pero no puedo comprometerme. Es una operación demasiado grande (...) y ello podría poner en riesgo la empresa en su totalidad", afirmó.

En fin, en un contexto más amplio de crisis del sector siderúrgico europeo, en Alemania unos 45.000 trabajadores siderúrgicos se manifestaron este lunes, convocados por el sindicato IG Metall, para expresar su preocupación ante el futuro.

Esta jornada de acción, bautizada "El acero es el porvenir", congregó a responsables sindicales y políticos, entre ellos el ministro alemán de Economía, Sigmar Gabriel, en Duisburgo, ciudad industrial del Ruhr que alberga varios altos hornos, entre ellos los del líder alemán del acero Thyssenkrupp.

Igual que en el Reino Unido y en otros países europeos, las acerías alemanas, que emplean a 87.000 personas en todo el país, son víctimas de la competencia china y de sus sobrecapacidades de producción.

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AFP