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Turistas extranjeros visitan el Palacio del Jardín de Rosas de Teherán, el 5 de agosto de 2015

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Irán quiere aprovechar el levantamiento de las sanciones internacionales para abrirse al turismo y atraer a millones de visitantes cada año con una oferta que incluye ciudades milenarias, estaciones de esquí y desiertos inmensos.

"Mi familia me decía que estaba loco por ir a Irán, pero la gente es muy acogedora y simpática", contó Yannik Lequelenec, un francés que cada año hace un viaje "excepcional". Al igual que él, cada día más turistas se aventuran a descubrir un país cuya turbia reputación en Occidente comenzó a mejorar desde que Teherán firmó un acuerdo con las grandes potencias en julio de 2015.

El levantamiento de las sanciones internacionales en enero volvió a abrir las puertas de un país con una historia milenaria y una población de cerca de 80 millones de habitantes.

"Vivimos en Shanghái y para las vacaciones del Año Nuevo Chino vinimos a pasar una semana a Irán", explicó Richelle Punter, una profesora británica de 41 años que se hospeda en un hotel de Teherán. Punter viaja junto a diez personas del Reino Unido, Alemania, Francia, Estados Unidos, China y Rumanía, todos residentes en China.

"Lo primero que vamos a hacer es esquiar en Tochal", una pequeña estación al norte de Teherán. Después el grupo se desplazará a Isfahán, Shiraz y Yazd, las tres imponentes ciudades históricas que constituyen una visita obligada.

- Turismo religioso -

Para el Gobierno, la industria turística es esencial para compensar la caída de los precios del petróleo y limitar en el futuro la dependencia del oro negro. Su objetivo es recibir a 20 millones de turistas por año en 2025 y multiplicar por cinco los ingresos anuales de divisas para llegar a un nivel de 30.000 millones de dólares.

La tendencia es alentadora, ya que Irán recibió 4,16 millones de visitantes en los nueve primeros meses de su calendario lunar, cuyo año comenzó en marzo, un incremento interanual del 5%, según los datos de la organización nacional de turismo.

Entre un 70% y un 80% vienen de países vecinos: Irak, Azerbaiyán, Armenia o Pakistán y Afganistán. Una gran cantidad son peregrinos que viajan a las ciudades santas de la tradición chií de Machhad, en el noreste, y de Qom, en el norte.

De todas formas, las visitas de turistas occidentales, que desde la imposición de las sanciones habían escaseado, siguen siendo poco significativas y solo suponen un 5% del total. "Hay una fuerte demanda de agencias de viajes de países europeos, pero también de Japón y de Australia", celebró Ebrahim Purfaraj, dueño de la agencia Pasargad Tour y presidente de la Asociación de empresarios del sector.

"Para los turistas, el sentimiento de seguridad y de tranquilidad es muy importante. El acuerdo nuclear y la vista del presidente Hasan Rohani a Italia y a Francia reforzaron este fenómeno", explicó.

La dueña de la agencia 2001TravelAgency en Teherán, Azam Ayubian, afirma que hay "tantos turistas occidentales que ya no llegan a cubrir la demanda. Con respecto a los datos del año pasado, se puede hablar tranquilamente de un aumento de dos o tres". La empresaria explica que todos los guías que hablan francés e inglés ya están ocupados hasta finales de 2017 y que las reservas para los hoteles de cuatro y cinco estrellas en las ciudades de Isfahan, Shiraz y Yazd están agotadas para varios meses.

"Los turistas no religiosos que vienen a Irán suelen tener más de 50 años y son más exigentes que los jóvenes", explicó Purfaraj. Ayubian que los describió como personas que han viajado mucho por el mundo y quieren vacaciones de calidad. "Les queda poder poner en su álbum de viajes Irán, pero no los podemos llevar a cualquier hotel", declaró.

Irán, que ya facilitó el proceso de entrada con una visa de turismo para la mayoría de los países, debería adaptarse a su nueva clientela. En el país, de los 1.100 hoteles registrados, solo 130 pertenecen a la categoría de cuatro o cinco estrellas. Para acoger a los 20 millones de turistas que el país desea recibir harían falta 400 establecimientos más de aquí a diez años.

"Si las infraestructuras ya hubieran existido, podríamos haber respondido al 30% de demandas adicionales de los turistas no religiosos", dijo Purfaraj.

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AFP