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Imtiaz Cajee, sobrino del activista antiapartheid Ahmed Timol, fallecido en 1971, muestra una foto de su tío en Pretoria, el 25 de mayo de 2017

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La reapertura de la investigación sobre la muerte de Ahmed Timol, un militante comunista antiapartheid que falleció en 1971, ha devuelto a Sudáfrica a las horas más sombrías de su historia, cuando la tortura era moneda corriente.

"Yo era un tipo muy joven, atraído por las historias de agentes secretos a lo James Bond", dijo este semana ante un tribunal de Pretoria Paul Erasmus, un expolicía encargado del "trabajo sucio" del régimen racista.

Su papel era hacer creer al mundo que el Congreso Nacional Africano (ANC), que lideraba la lucha contra el apartheid, "era una banda de animales", recuerda este hombre de unos 60 años. "Hoy lo llamaríamos 'fake news' (noticias falsas)".

Tras una larga batalla judicial, la familia de Timol logró que se reabriera la investigación a finales de junio y que Erasmus comparezca para explicar los horrores del régimen de la época.

El momento es histórico y las comparecencias, que arrancaron esta semana y todavía continúan, están siendo retransmitidas por la televisión.

Durante horas, Erasmus explicó las técnicas ultraviolentas que usaban los servicios de seguridad de la policía del apartheid. "La tortura formaba parte de lo cotidiano" en el cuartel general de Johannesburgo, afirma este exfuncionario, que reconoce haber torturado "a un montón de personas".

También enumera los casos de un hombre cuyos testículos fueron "machacados como si fueran pimienta" o el de "Radio Moscú", el nombre con el que se denominaban unos electrochoques tan potentes que muy pocos "podían soportar".

Erasmus todavía no trabajaba en la policía cuando Ahmed Timol fue encontrado muerto, el 27 de octubre de 1971, cerca del cuartel general de la policía en Johannesburgo, cinco días después de ser detenido.

Oficialmente, el joven de 29 años se había suicidado lanzándose desde la décima planta del edificio, donde se llevaban a cabo los interrogatorios más violentos, entre ellos los del conocido como "Little Hitler" (Pequeño Hitler), el coronel Arthur Benoni Cronwright, un "loco total", según Erasmus.

- Sacar a la luz la verdad -

El objetivo de la nueva investigación es sacar a la luz la verdad, aunque no se logren condenas judiciales. La familia de Timol está convencida de que fue asesinado y que su muerte fue maquillada como un suicidio.

Ante el tribunal, un médico forense dijo el miércoles que las heridas en su cuerpo indican que sufrió "maltratos violentos durante su detención". El expolicía Erasmus recordaba el papel que tenían los "barredores", unos agentes especializados en mantener intacta la reputación de la policía.

Durante sus 17 años de servicio, Erasmus también era un especialista en falsificar documentos. "Me entrené durante horas para imitar la firma de Desmond Tutu", el célebre arzobispo que luchó contra el apartheid, recuerda.

Ante el tribunal también compareció Stephanie Kemp, una exmiembro del Partido Comunista Sudafricano (SACP) que se comunicaba con Timol y fue torturada. "Me agarraron del pelo y me golpearon hasta que me desvanecí. Querían machacarnos", recuerda.

Entre 1996 y 1998, la Comisión Verdad y Reconciliación (TRC) ya reveló los horrores del apartheid y la estrategia del régimen, que terminó en 1994. Pero a cambio de confesar sus crímenes, muchos policías, militares e incluso ministros pudieron obtener la amnistía. Además, muchas de las recomendaciones de la comisión cayeron en saco roto y solo fueron juzgados unos 300 casos.

Con la reapertura del caso Timol, "asistimos a una segunda ola de testimonios tras la TRC", se felicita Marjorie Jobson, de la asociación Khulumani, que ayuda a las víctimas del apartheid.

El caso Timol podría ayudar también a esclarecer otros casos similares, como el de Neil Aggett, un militante encontrado muerto en 1982, también en el cuartel general de la policía. Ante el juez, Paul Erasmus afirmó que la policía había recibido órdenes de "demostrar que tenía tendencias suicidas congénitas".

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AFP