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Unas civiles sirios víctimas del presunto ataque químico del régimen abandonan el 7 de abril de 2017 el hospital Reyhanli de Hatay, en Turquía, para ser trasladados a la frontera con Siria

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En la ciudad siria de Jan Sheijun, víctima de un "ataque químico" letal, los habitantes bendicen a Donald Trump y esperan que los bombardeos estadounidenses sirvan de lección al enemigo, el presidente Bashar al Asad. Para ellos, es un "consuelo".

"¡Que Dios bendiga a Trump!", exclama a un periodista de la AFP Abu Ali, un habitante de esta localidad donde 86 personas, entre ellas 30 niños, murieron en el presunto ataque químico del martes.

Les cuesta hablar. Hay poca gente en las calles. Muchos están en casas dando el pésame a familiares y amigos de las víctimas.

"Todavía estamos conmocionados", afirma con tristeza un habitante, que piensa en los niños que sufren convulsiones y en los encontrados muertos en sus casas o en la calle.

Pero Abu Ali está satisfecho con el primer ataque estadounidense contra el régimen de Damasco desde el comienzo de la guerra en Siria. Los bombardeos apuntaron a una base militar de donde despegaron, según los estadounidenses, el avión que lanzó sustancias químicas sobre Jan Sheijun.

"Es una advertencia clara a Bashar al Asad: ¡basta de asesinatos y de injusticia!", afirma este cuadragenario, que espera que Asad, Irán y Rusia lo interpreten como "una señal" sobre el "cambio en el equilibrio de fuerzas".

- '¿Dónde están los estadounidenses?' -

Abu Muhib, un desertor del ejército de 37 años, quiere que Estados Unidos vaya más allá. "Hay que castigar al criminal y no al instrumento del crimen", dijo.

Para él, el ataque ordenado por Donald Trump después del "ataque químico" atribuido al régimen "no hace justicia a los familiares de los mártires, es sólo un consuelo".

Como muchos habitantes, Haj Kasar, un comerciante de la ciudad, espera que no sea solamente una "reacción" al drama de Jan Sheijun.

"Se trata de vengar a los mártires caídos aquí (...), los bebés, las mujeres muertas mientras dormían, la gente caminando por la calle, a los que se metieron en refugios en los que la muerte los atrapó", asegura.

En ese momento, un avión militar ruge en el cielo.

"¿Dónde están los estadounidenses? Miren cómo el ejército del aire nos amenaza de nuevo", exclamó el hombre con barba canosa, mientras un avión sobrevuela una carretera al norte de la ciudad sin causar víctimas.

La guerra en Siria comenzó hace seis años con manifestaciones antirrégimen pacíficas reprimidas a sangre y fuego, que se acabaron transformando en rebelión armada.

Desde entonces, la guerra ha causado más de 320.000 muertos y millones de desplazados.

En los últimos meses, las tropas de Damasco infligieron una serie de derrotas a los insurgentes. Por eso en los territorios rebeldes el ataque estadounidense de este viernes devuelve la esperanza a los habitantes.

"Estamos agradecidos a la aviación estadounidense por haber respondido a la matanza de Jan Sheijun", afirma Ali al Jaled, un habitante del barrio presuntamente atacado con gas tóxico.

Según el Observatorio Sirio de los Derechos Humanos (OSDH), el ataque de Jan Sheijun es el segundo de este tipo desde uno en 2013 que mató a más de 1.400 personas en la región rebelde de la Ghuta oriental, cerca de Damasco.

El Gobierno estadounidense de Barack Obama dijo entonces que estaba preparado para atacar al ejército de Asad, pero en el último momento descartó la opción militar.

- 'No es suficiente' -

En Duma, principal ciudad de la Ghuta, los habitantes están encantados con el ataque estadounidense, pero piden más.

"No queremos un sólo ataque para que después los crímenes continúen", afirmó a la AFP Abu Shahid, de 30 años. "Hace falta un medio disuasorio más importante. No creo que (el ataque) sea suficiente", consideró.

Algunos instan a Washington a impedir a los aviones sirios sobrevolar sus zonas.

"En realidad, los sirios quieren una zona de exclusión aérea", asegura Hasan Taqidin, de 27 años. "Porque en resumidas cuentas, estos ataques tienen un efecto limitado. Atacan un aeropuerto y ¿después qué?".

En Jan Sheijun, Abu Ali recuerda que "una parte del pueblo sirio ha huido del país, otra está enterrada y otra busca ayuda humanitaria". "No queremos pan. Sólo queremos que Trump y su Gobierno pongan fin a esta farsa", sentencia.

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