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La líder del partido ganador de las elecciones en Birmania, Aung Sang Suu Kyi, durante una rueda de prensa en Rangún, el 5 de noviembre de 2015

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La opositora y Nobel de la Paz birmana, Aung San Suu Kyi, alcanzó al fin las puertas del poder tras décadas de lucha en las que sacrificó su vida privada como disidente política.

En las últimas elecciones libres de Birmania, Suu Kyi estaba en arresto domiciliario, pero 25 años después, su partido, la Liga Nacional para la Democracia (LND), acaba de obtener la mayoría absoluta en el Parlamento.

Desde las regiones más remotas del norte hasta Rangún, la diputada de 70 años atrajo a multitudes de birmanos.

La hija del héroe de la independencia está a punto de lograr su sueño de ver cómo Birmania pasa definitivamente la página de un régimen militar que dejó su país en ruinas, oprimió a la población durante décadas y le impuso un arresto domiciliario durante 15 años.

En caso de victoria, "dirigiré el gobierno" y "estaré por encima del presidente" escogido por los parlamentarios, advirtió Suu Kyi el jueves ante la prensa internacional, desafiando así las leyes impuestas por la junta.

En virtud de la Constitución vigente, la líder opositora no puede convertirse en presidenta, ya que un artículo bloquea el acceso a este cargo a las personas con hijos de nacionalidad extranjera. Ella tiene dos hijos británicos.

"Esta elección es una gran oportunidad de cambio para nuestro país. El tipo de oportunidad que sólo llega una o dos veces en la Historia", aseguró Suu Kyi días antes de los comicios, durante un gran mitin en Rangún.

La Nobel de la Paz se ha hecho muy discreta desde el domingo, a la espera de reunirse con el gobierno saliente.

Para los birmanos que sufrieron la crudeza de la vida bajo la junta militar, Suu Kyi encarna la esperanza.

Birmania ha experimentado grandes cambios desde la apertura del país en 2011, pero "dos grandes factores no han cambiado: el aura carismática de Suu Kyi y la influencia duradera de la élite militar", explica el politólogo Nicholas Farrelly.

"Para muchos electores de Birmania, ella es la figura de la lucha contra el autoritarismo en su país. Ellos imaginan que el destino democrático interrumpido en los años 1990 está ahora al alcance de la mano", añade.

- Hija de un héroe de la independencia -

Su llegada al Parlamento en 2012 durante las elecciones legislativas parciales ha empañado, sin embargo, su reputación de símbolo de los derechos humanos, especialmente en el extranjero.

De carácter pragmático, Suu Kyi evita pronunciarse sobre la suerte de los rohingyas, una minoría musulmana perseguida en Birmania.

En el seno de su partido, algunos le reprochan también su autoritarismo y el poco espacio dejado a los jóvenes.

La entrada en política de Suu Kyi no estaba programada. Tras la muerte de su padre, el general Aung San, héroe de la independencia asesinado en 1947 cuando ella tenía dos años, la primera parte de su vida la pasó en el exilio, primero en India y después en Reino Unido.

Allí, llevó una vida de ama de casa modelo, esposa de un profesor universitario especialista del Tíbet en Oxford y madre de dos pequeños.

Pero en 1988, cuando viaja a Birmania para estar junto a su madre, llega en pleno levantamiento contra la junta, cuya represión se convirtió en un baño de sangre, y decide implicarse en el destino de su país.

"No podía, como hija de mi padre, mantenerme indiferente a todo lo que pasaba", dice durante su primer discurso, en la pagoda de Shwedagon en 1988. En ese momento nace el símbolo Suu Kyi.

Aunque la junta la autoriza a formar la LND, rápidamente se le impone el arresto domiciliario. A distancia, asiste a la victoria de su partido en las elecciones de 1990, cuyos resultados la junta rechaza reconocer.

Así pasan los años encerrada en su casa situada al borde de un lago en pleno Rangún, donde recibe la visita de pocas personas autorizadas, así como de sus dos hijos, que viven en Inglaterra con su padre. Este último murió de cáncer sin que su esposa pudiera ir a darle el último adiós, por temor a no poder regresar a Birmania.

El 13 de noviembre de 2010, hace justo cinco años, Suu Kyi es liberada tras 15 años en arresto domiciliario, siete de ellos consecutivos, durante los cuales mostró siempre una firme determinación que podría llevar ahora a su partido a gobernar Birmania.

AFP