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La dirigente birmana Aung San Suu Kyi se dirige a la nación el 19 de septiembre de 2017 en Naypyidaw

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La dirigente birmana Aung San Suu Kyi dijo este martes que Birmania está lista para organizar el retorno de los 420.000 refugiados rohinyás que huyeron a Bangladés, pero sin anunciar medidas contra lo que la ONU califica de "limpieza étnica".

"Estamos preparados para iniciar el proceso de verificación en cualquier momento", dijo la dirigente de facto de Birmania, en referencia a quienes han huido hacia Bangladés en un éxodo sin precedentes.

Suu Kyi decidió romper su silencio, pero no desde la tribuna de Naciones Unidas, en Nueva York, adonde anunció que no viajaría, sino desde Naypidaw, la capital administrativa de Birmania.

Un gesto simbólico, en un momento en que el nacionalismo birmano suscita numerosas críticas internacionales por la situación de los refugiados que huyeron a Bangladés tras abandonar el estado de Rakáin, donde el ejército lleva a cabo una amplia campaña de represalias tras ataques de un grupo rebelde de esta comunidad a finales de agosto.

"Estamos preocupados tras haber escuchado sobre la cantidad de musulmanes que huyeron a Bangladés", dijo en un discurso televisado, en el que condenó "las violaciones de los derechos humanos y la violencia ilegal" que puedan haber exacerbado la crisis.

Suu Kyi también recalcó que el país no debe ser dividido por "creencias religiosas".

La dirigente afirmó asimismo que las Fuerzas Armadas birmanas recibieron instrucciones para que "tomen todas las medidas para evitar daños colaterales y que los civiles resulten heridos" en su operación.

Amnistía Internacional lamentó no obstante que Aung San Suu Kyi no haya condenado explícitamente el papel del ejército.

"Existen pruebas aplastantes de que las fuerzas de seguridad lanzaron una campaña de limpieza étnica", afirmó la ONG.

"Sigue habiendo incendios en el Estado de Rakáin (...). No es como si todo se hubiese detenido el 5 de septiembre", insistió por su parte Phil Robertson, de Human Rights Watch, mostrando fotos de satélite.

La ONG volvió a pedir que la ONU imponga sanciones a Birmania.

Los investigadores de la ONU sobre la situación de los derechos humanos en Birmania reiteraron este martes la demanda de tener "un acceso completo y sin trabas" al país, donde, dijeron, se registra una grave crisis humanitaria.

"Es importante para nosotros ver con nuestros propios ojos los lugares donde se produjeron esas presuntas violaciones y hablar con las personas afectadas y las autoridades", declaró el presidente de la misión, Marzuki Darusman, ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU reunido en Ginebra.

- Rechazo a los rohinyás -

El rechazo a los rohinyás, considerados como extranjeros en este país con más del 90% de población budista, es muy común entre los birmanos.

Desde que les fue retirada la nacionalidad birmana en 1982, se impuso a los rohinyás muchas limitaciones: no pueden viajar ni casarse sin autorización, no tienen acceso al mercado laboral ni a los servicios públicos (escuelas, hospitales).

El año pasado, en la Asamblea General de la ONU, Aung San Suu Kyi había prometido defender los derechos de esta minoría, asegurando que se opondría "con firmeza a los prejuicios y la intolerancia".

"Este compromiso con el retorno de los refugiados según los términos del acuerdo de 1992 es algo nuevo e importante", dijo Richard Horsey, analista independiente asentado en Birmania.

Pero lejos de este discurso destinado antes que nada a la comunidad internacional, los birmanos consideran ampliamente que los rohinyás no forman parte de la nación birmana.

Aung San Suu Kyi sugirió lo contrario este martes, afirmando seguir la vía abierta por su padre, Aung San, artífice de la independencia birmana: la Constitución de 1947 permitió a una gran parte de los rohinyás obtener un estatuto legal y el derecho a voto.

Pero la dictadura militar instaurada en 1962 utilizó el odio contra los musulmanes y la ley birmana sobre la nacionalidad de 1982 dejó a los rohinyás apátridas.

Aung San Suu Kyi se distancia, diplomáticamente, del jefe de las Fuerzas Armadas, el general Min Aung Hlaing, que en la sombra es el hombre clave de este caso.

El Reino Unido, antigua potencia colonial del país hasta su independencia en 1948, llamó este martes "a las fuerzas armadas birmanas a tomar inmediatamente las inicitaivas necesarias para poner fin a la violencia en Rakáin y proteger a todos los civiles".

Y anunció que suspendía sus cursos de formación -que incluyen idiomas, derechos humanos o derecho internacional pero no entrenamiento para el combate- para los militares de este país hasta que se encuentre una "resolución aceptable" a la crisis.

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