Los 26 candidatos a la elección presidencial tunecina cerraron este viernes una febril y movida campaña y afrontan el domingo una primera vuelta de resultado totalmente incierto.

Las últimas horas de campaña quedaron además marcadas por la decisión de la justicia de mantener en la cárcel a Nabil Karoui, uno de los favoritos de la elección, encarcelado desde el 23 de agosto por blanqueo de dinero.

La Corte de Casación tunecina se declaró "incompetente" para abordar el caso de Karoui, y por lo tanto rechazó su recurso para salir de la cárcel, por lo que no podrá votar.

El controvertido empresario de 56 años, que acusa al poder de instrumentalizar a la justicia para excluirlo de la campaña, afirmó el jueves en un comunicado que no se retiraría y dijo haber iniciado una huelga de hambre.

La célebre avenida Bourguiba, "los Campos Elíseos de Túnez", retumbó el viernes con la música procedente de los últimos discursos de varios candidatos, que concluyeron su campaña apenas a unas decenas de metros unos de otros.

El candidato del partido islamista Ennahdha, Abdelfattah Mourou, fue el que más simpatizantes congregó, con una multitud de cientos de personas procedentes de todo el país para seguir su discurso.

"Lo conocemos desde hace tiempo. Es amable, unificador, tiene una personalidad cercana a la sociedad", consideró Maherez Harfaoui, un jubilado que se disponía a votar por primera vez por un candidato islamista.

Algo más adelante en la avenida, varios cientos de partidarios de Nabil Karoui se congregaron para el último mitin de su formación, el partido Qalb Tounes. Unos cien se dirigieron después cerca de la cárcel en la que se encuentra, en la periferia de Túnez, para corear consignas y encender bengalas.

"Lo queremos porque somos pobres. El hecho de que ayude a los pobres es suficiente motivo para votarlo", explicó Wahel Aouini, un joven de 22 años.

También los candidatos de izquierda Hamma Hammami y Mongi Rahoui celebraron sus actos de cierre de campaña en la conocida avenida.

- Feroz competición -

Siete millones de tunecinos están llamados a votar este domingo en la segunda elección presidencial libre de la historia del país, tras una campaña sin claros favoritos, en parte debido al gran número de candidatos, y a la atomización de alternativas políticas.

Desafiante, el primer ministro del país, el liberal Youssef Chahed, afirmó el jueves en la radio Mosaïque que solamente contaban tres partidos, el suyo, el de Nabil Karoui y el islamista Ennahdha. "El resto no existe" aseguró.

Pero otros candidatos podrían figurar en el pelotón de cabeza, como la abogada antiislamista Abir Moussi, el ministro centrista de Defensa Abdelkarim Zbidi, o el independiente conservador Kais Saied.

"Esta elección es realmente la de la incertidumbre", dice el politólogo Hatem Mrad.

Además, no es seguro que la campaña haya satisfecho las principales inquietudes de los tunecinos: la crisis social y económica, la carestía de la vida, la inflación (7% anual) o el desempleo (15%).

Pero la lucha antiterrorista, un tema antes omnipresente en una Túnez traumatizada por los atentados de 2015-2016, ha dejado de ocupar los debates.

A medianoche del viernes, el país entró en un periodo de "silencio electoral" antes de los comicios del domingo.

- Otra campaña más -

Para complicar más el escenario político tunecino, mientras esta campaña presidencial termina otra se inicia este viernes, ante las legislativas del 6 de octubre.

El calendario inicial preveía la presidencial en diciembre, tras las legislativas, pero la muerte del presidente Beji Caid Essebsi en julio trastocó los plazos. Por ello, los tunecinos votarán por su diputados entre las dos vueltas de la elección presidencial.

Túnez vivió en 2011 una revolución que provocó la caída de la dictadura de Zine el Abidine ben Alí y desde entonces ha seguido por la vía democrática, con la celebración de varias elecciones.

La revolución de 2011 trajo libertad de expresión pero no prosperidad económica y la población está preocupada sobre todo por el desempleo, los bajos salarios y la inflación.

Las prerrogativas del presidente siguen estando limitadas porque la constitución de 2014, que quería pasar página de décadas de poder personal, da el protagonismo al parlamento.

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