Los tunecinos elegirán el próximo domingo en las urnas a su nuevo presidente, entre un universitario hermético sin experiencia política y un hombre de negocios encarcelado por fraude fiscal, liberado cuatro días antes de la segunda vuelta.

Los siete millones de electores volverán a votar por tercera vez en un mes en las que son las segundas elecciones presidenciales por sufragio universal desde la revolución de 2011.

En la primera vuelta, celebrada el 15 de septiembre, quedaron descartados todos los dirigentes salientes. Un especialista en derecho constitucional, Kais Saied, de 61 años, quedó en primer puesto con el 18,4% de los votos, después de una campaña que movilizó a los más jóvenes, al haber relanzado los ideales de la revolución de hace ocho años.

Su adversario es el magnate de los medios de comunicación Nabil Karoui, de 56 años, proveniente de la élite política pero enemistado con una buena parte de los dirigentes. Su campaña se centró en los más desfavorecidos e hizo uso de la televisión que fundó, Nessma. Cosechó el 15,6% de los votos.

La muerte del presidente Béji Caïd Essebsi en julio aceleró el calendario electoral, aunque Túnez vive desde hace meses inmerso en un ritmo electoralista. Desde junio, el gobierno intentó adoptar una polémica modificación del código electoral, que habría apartado a Karoui de las elecciones.

- "Telenovela de mal gusto" -

Este último, investigado por fraude fiscal y blanqueo desde 2017, fue encarcelado el 23 de agosto. Tanto la fecha como las modalidades de la detención dieron lugar a acusaciones de instrumentalización de la justicia.

Saied intentó mostrar juego limpio con Karoui, ante su imposibilidad de hacer campaña en prisión, apartándose un tiempo del terreno. La campaña solo duró dos días.

"Esta presidencial es una telenovela de mal gusto", estimó Karoui poco después de su liberación, lamentando que los comicios no hubieran sido aplazados, tal y como solicitó. "No hay nada positivo que pueda llevar a la gente a elegir", declaró.

Por su parte, Saied hizo pocas apariciones públicas. Realizó dos entrevistas en televisión y se apoyó en la ley para relanzar la transición iniciada en 2011 con la salida de Zine el Abidine Ben Ali.

Sus propuestas de "soberanía popular", de lucha contra la corrupción y de descentralización del poder, conquistaron a muchos jóvenes.

También defendió posiciones abiertamente conservadoras en el ámbito social, y rechazó hacer uso del islam para la política. Se opuso igualmente a la igualdad de sexos en materia de herencia y a la legalización de la homosexualidad.

- Conversaciones para un gobierno -

Las elecciones coinciden con las conversaciones para establecer un gobierno, una semana después de las legislativas que conformaron un Parlamento dominado por el partido de inspiración islamista Ennahdha, aunque quedó lejos del umbral de la mayoría, al haber recabado 52 escaños de 217.

El partido de Karoui, Qalb Tounes, se colocó segundo con 38 escaños. Los dos partidos descartaron aliarse, pero las otras formaciones cuentan con un puñado de representantes.

El Parlamento tiene dos meses para ponerse de acuerdo, y el futuro presidente, que deberá prestar juramento a finales de octubre, deberá intervenir en caso de bloqueo.

Una inestabilidad política prolongada podría debilitar aún más la transición democrática en el único país de la Primavera Árabe que logró contener la amenaza terrorista, pero aún dañado por la inflación y el desempleo.

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