Siete millones de tunecinos están llamados a votar este domingo en la segunda elección presidencial libre de la historia del país, tras una campaña sin claros favoritos.

Con veintiséis candidatos, uno de ellos en prisión, la división en las familias políticas y los programas a veces muy parecidos no hay un claro favorito para la primera vuelta del domingo.

Túnez vivió en 2011 una revolución que provocó la caída de la dictadura de Zine el Abidine Ben Alí y desde entonces ha seguido por la vía democrática, con la celebración de varias elecciones.

"Hay un pelotón de favoritos y todas las combinaciones son posibles. Ni el buen Dios puede decirnos el resultado de la primera vuelta, y menos aún lo que vendrá después", apunta el periodista Zied Krichen. "Esta elección es realmente incierta", asegura por su parte el politólogo Hatem Mrad.

En las presidenciales de 2014 hubo dos campos claramente identificados, islamistas e anti-islamistas. Pero esta vez el paisaje político está muy fragmentado, según Mrad, e incluye desde islamistas a laicos, pasando por partidarios del antiguo régimen.

Uno de los candidatos, el polémico publicista Nabil Karui, acusado desde 2017 de blanqueo de dinero, fue puesto en prisión preventiva tres semanas antes de las elecciones.

El empresario se hizo popular gracias a sus mediáticas distribuciones de ayuda en las regiones más pobres del país y la cadena de televisión privada que fundó, Nessma, hace campaña en su favor.

El primer ministro Yusef Chahed, que desmintió que exista una instrumentalización de la justicia en este caso, también es uno de los candidatos a la presidencia aunque tiene poca popularidad.

También son candidatos el ministro de Defensa, Abdelkarim Zbidi, un universitario independiente conservador llamado Kais Saied o un opositor a la dictadura de Zine el Abidine Ben Alí y exministro, Mohamed Abu.

En el campo islamista, el popular abogado Abdelfattah Muru, de unos 70 años, lidera el partido Ennahdha, que desde la revolución ha estado en el poder, en solitario o en coalición.

Dos mujeres, entre ellas una abogada anti-islamista, también están entre los candidatos.

La campaña termina el viernes sin que ningún candidato sobresalga sobre los demás, a pesar de los múltiples debates en la radio y los programas en televisión, signo de la interés de la elección.

Entre dos y tres millones de telespectadores siguieron las entrevistas políticas organizadas a principios de esta semana, durante las cuales 24 de los 26 candidatos respondieron a preguntas elegidas al azar.

El debate se centra esta vez en la crisis social y económica y deja de lado la lucha antiterrorista, que monopolizó la vida política en Túnez tras los traumáticos atentados de 2015 y 2016.

La revolución de 2011 trajo libertad de expresión pero no prosperidad económica y la población está preocupada sobre todo por el desempleo, los bajos salarios y la inflación.

Algunos candidatos "no pelean por el poder sino por controlar los mecanismos del estado y poder hacer negocios", afirma el periodista Zied Krichen, en un país donde, según el Banco Mundial, sigue existiendo un "capitalismo de amiguismo".

Las prerrogativas del presidente siguen estando limitadas porque la constitución de 2014, que quería pasar página de décadas de poder personal, da el protagonismo al parlamento.

Las presidenciales estaban previstas inicialmente en diciembre pero la muerte en julio del presidente Beji Caíd Esebsi hizo cambiar el calendario. Las legislativas están previstas el próximo 6 de octubre.

Las primeros resultados de la primera vuelta se conocerán el domingo por la noche y los resultados preliminares el 17 de septiembre. Por el momento no hay fecha para la segunda vuelta.

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