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Tsai Ing-wen, durante un acto de la campaña electoral el pasado 9 de enero en la ciudad de Kaohsiung, al sur de Taiwán

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Tsai Ing-wen acaba de ser elegida presidenta de Taiwan, prometiendo devolverle orgullo e independencia a la isla, y surge ya el espectro de nuevas tensiones con China continental.

Esta exprofesora universitaria de 59 años infligió el sábado una histórica paliza electoral al Kuomintang (KMT), formación que en sus ocho precedentes años de poder fue artífice de un inédito acercamiento con Pekín.

El electorado rechazó finalmente de forma masiva esta política al darle una nítida victoria al Partido democrático progresista (PDP), movimiento de posiciones tradicionalmente independentistas, aunque la nueva presidenta las haya suavizado.

"Es un seísmo político", considera Jean-Pierre Cabestan, especialista de Taiwán en la Universidad Baptista de Hong Kong. "No creo que Pekín reacciones rápidamente, pero hay que prever nuevos conflictos".

"Sería sorprendente que (el presidente chino) Xi Jinping, que demuestra firmeza con todo el mundo, no lo haga también con Taiwán" prosigue, aunque precisa que la actitud de Pekín dependerá de la posición que adopte Tsai, pero también EEUU, principal aliado de Taipéi. China ya reaccionó al advertir de que se opondría con firmeza a cualquier veleidad de independencia de Taiwán.

La isla, llamada antes Formosa, tiene su propio gobierno desde 1949, cuando los nacionalistas del KMT, derrotados por los comunistas de Mao Zedong, buscaron refugio en ella. China considera siempre a Taiwán como parte integrante de su territorio, e incluso podría teóricamente recuperarlo por la fuerza.

La isla jamás llegó a proclamar su independencia. Según un consenso tácito establecido en 1992 entre Pekín y Taipéi, hay "una sola China", pero ello le permite a cada parte interpretar este principio según le convenga. Sin embargo, el PDP -que ya gobernó la isla con un presidente entre 2000 y 2008- jamás ha reconocido este consenso.

Sin embargo, demostrando su pragmatismo, Tsai se cuidó antes de ser elegida en dejar claro que el statu quo se mantendría: la nueva jefa de Estado es consciente de que una mayoría de electores, aunque hostil a un excesivo acercamiento a Pekín, quiere evitar un enfrentamiento.

EL sábado Tsai reafirmó su deseo de relaciones pacíficas entre ambas orillas del estrecho de Formosa, pero también dejó claro, ante sus fervorosos partidarios, que Taipéi no se dejaría intimidar.

- Sin amenazas -

"Lo que les ha dicho es que ella estaba dispuesta a promover la estabilidad de las relaciones con China, pero sólo si Pekín se abstiene de amenazas de represalia o de ofensivas diplomáticas en torno a Taiwán" declara John Ciorciari, profesor de Ciencias políticas en la universidad de Michigan.

Taiwán padece a la vez amenazas económicas de China y campañas agresivas en internet, recuerda Clayton Dube, de la universidad de California del sur.

El discurso de Tsai ha sido eficaz en momentos en que "cada vez hay más personas que se sienten exclusivamente taiwanesas" y no sino-taiwanesas, observa Nathan Batto, investigador del Instituto de Ciencias políticas de la Academia Sinica de Taiwán.

La mayoría de los expertos considera inevitable una degradación en las relaciones entre Pekín y Taipéi, pero no hasta el punto de que Taiwán opte por una vía independentista, lo que iría contra el objetivo final del Gobierno chino: la reunificación.

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AFP