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El presidente interino de Brasil, Michel Temer, en la toma de posesión del nuevo ministro de Cultura, Marcelo Calero, el 24 de mayo de 2016 en el Palacio Planalto, en Brasilia

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El presidente interino de Brasil, Michel Temer, celebró el miércoles la primera victoria de su gobierno después que el Congreso autorizara esta madrugada que las cuentas públicas cierren este año con un millonario déficit.

Tras más de 16 horas de debates, el Legislativo aprobó la reducción de la meta de superávit fiscal para que se anote un déficit primario de hasta 170.500 millones de reales (47.749 millones de dólares), considerando todo el sector público.

"Fue una linda victoria", declaró Temer escuetamente a periodistas horas después de la votación, que significó el primer triunfo en un período marcado por turbulencias y coletazos de escándalos de corrupción desde que llegó al poder tras la suspensión de la presidenta Dilma Rousseff hace 13 días.

Con esta decisión el gobierno de Temer - que asumió de forma interina mientras Rousseff es juzgada por manipulación de las cuentas públicas - podrá en la práctica gastar más de lo que recaude este año.

"Es una cifra justa, es una cifra buena para el país", había comentado más temprano el diputado Dagoberto Nogueira, relator del proyecto de reforma del presupuesto. "Le estamos dando un cheque en blanco al gobierno", lamentó por su parte la diputada del Partido Comunista, Jandira Feghali.

- Crucial -

Aprobar esta meta era crucial para Temer.

De haber sido rechazada, le hubiera obligado a hacer malabares y prácticamente parar la máquina pública con violentos cortes para cumplir con la meta de superávit primario -ahorro antes de pagar intereses de la deuda- de 24.000 millones de reales (6.700 millones de dólares) prevista inicialmente en el presupuesto aprobado para 2016.

El gobierno de Rousseff ya había enviado al Congreso una revisión de la meta fiscal, con una proyección de déficit de 96.000 millones de reales (unos 27.000 millones de dólares al cambio actual), pero ésta no llegó a ser votada en medio de la paralización de la agenda política debido a la crisis.

Con el déficit en 2016, la mayor economía latinoamericana terminará su tercer año con un rojo fiscal, mientras se encamina hacia su peor recesión en un siglo.

El Producto Interno Bruto (PIB) de Brasil cayó 3,8% en 2015 y se proyecta una contracción similar en 2016, así como crecimiento cero para 2017. Todo esto en un escenario de elevada inflación y creciente desempleo.

Esta feroz crisis llevó al gobierno de Rousseff a reducir cinco veces la meta de superávit fiscal de 2015, antes de que el país terminara el año con un déficit primario de 1,88% del PIB.

- Techo -

Temer gobernará en principio durante los seis meses que dure el juicio contra Rousseff. Si la mandataria es finalmente destituida, terminará el mandato hasta 2018.

"Quiero enfatizar que no es en un plazo de 12 días o en dos meses que Brasil saldrá de la crisis", advirtió el presidente interino el martes al presentar medidas de austeridad a los líderes del Congreso, que tendrán la última palabra para que varias de las disposiciones diseñadas vean la luz.

La votación de este martes-miércoles fue un buen termómetro para medir apoyos, ya que Temer ha insistido en que la prioridad de su nuevo gobierno es sanear la economía y poner las cuentas en orden.

Entre sus primeras medidas destaca la anticipación del pago de una deuda del banco de fomento BNDES al Tesoro Nacional y una reforma constitucional para poner un límite al gasto público, que según él "se encuentra en una trayectoria insostenible".

No abordó, sin embargo, temas más espinosos como impuestos, reformas a la seguridad social o a las leyes laborales, ajustes estructurales reclamados por analistas y sectores económicos.

El gobierno ha dicho en todo caso que la meta de déficit fiscal es un "techo" y que esperan un resultado mejor.

En medio de este panorama, el equipo económico sufrió un temprana baja después de que uno de los hombres fuertes del gobierno, el ministro de Planificación y Presupuesto, Romero Jucá, saliera de su cargo tras la divulgación en la prensa de una conversación en la que sugería que la destitución de Rousseff permitiría detener las investigaciones sobre el multimillonario fraude en Petrobras, que tienen a buena parte de la clase política brasileña contra las cuerdas.

- "Agresión psicológica" -

Temer, que prometió rescatar a Brasil de la crisis con un gobierno de "salvación nacional", fue recibido el lunes con gritos de "golpista" en el Congreso cuando fue a entregar personalmente la propuesta para reducir la meta de superávit fiscal.

Desde su trinchera, Rousseff ha insistido en que el impeachment es en realidad un "golpe", mientras consignas como "Fuera Temer" y "Temer jamás" proliferan entre los partidarios de la suspendida presidenta.

"Hemos sido víctimas de agresiones. Sé como funciona eso, la agresión psicológica para ver si amedrentan al gobierno", advirtió Temer este martes, al tiempo que instó a su equipo a ignorar esas manifestaciones y dedicarse a "cuidar del país".

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AFP