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La entrada a la acería brasileña CSA, del grupo alemán Thyssenkrupp, en Río de Janeiro, en una imagen del 18 de junio de 2010

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El conglomerado industrial alemán Thyssenkrupp anunció este miércoles la venta de su acería brasileña CSA al grupo argentino Ternium por 1.500 millones de euros, poniendo así punto final a su costosa aventura siderúrgica en el continente americano.

Esta fábrica, situada en Río de Janeiro, puede producir hasta 5 millones de toneladas de tablas de acero. El argentino Ternium es uno de los principales actores sudamericanos del acero.

Los 1.500 millones de euros (1.630 millones de dólares) servirán para reducir la deuda de Thyssenkrupp.

"Con la venta de CSA nos separamos definitivamente de Steel Americas. Es una etapa importante en la transformación de Thyssenkrupp en un grupo industrial fuerte", declaró el presidente de la empresa, Heinrich Hiesinger, citado por el comunicado de la empresa.

La factura final de esta aventura siderúrgica en las Américas ha sido onerosa: no menos de 8.000 millones de euros.

La aventura empezó en 2005: se trataba de construir dos acerías en el continente americano, una en Alabama, en el sur de Estados Unidos, y otra en Brasil, donde el acero producido a menor coste debía ser vendido en EEUU y Europa.

Ambas formaban la división Steel Americas del grupo alemán.

"La realidad fue desgraciadamente diferente", admite Heinrich Hiesinger, por teléfono.

Debido a los costes que se dispararon un 80% más de lo previsto, a los problemas técnicos, a una situación económica degradada en la región, y a tipos de cambio fluctuantes, la experiencia no sería nunca rentable.

Por ello, Thyssenkrupp buscaba, desde hacía años, vender la acería brasileña, factor de pérdidas durante muchos años al igual que la acería de Alabama, que fue vendida en 2014.

La venta de CSA Brasil fue aún más laboriosa, pues Thyssenkrupp tuvo que comprar previamente las partes del copropietario, el brasileño Vale, para simplificar la situación.

- Estrategia de diversificación -

La venta de la acería CSA, que el grupo alemán espera finalizar antes de finales de septiembre, es una buena noticia para Thyssenkrupp, aunque a corto término vaya a afectar a sus cuentas financieras.

En efecto, la transacción implica una depreciación de 900 millones de euros "que afectará al beneficio anual del grupo" pero no a las previsiones de beneficio de explotación Ebit para el ejercicio 2016/17, precisó un comunicado de Thyssenkrupp.

La venta de la acería brasileña se integra a la estrategia de Thyssenkrupp que apunta a privilegiar la fabricación de bienes industriales y la prestación de servicios.

La venta de CSA "elimina también cualquier riesgo potencial vinculado a la política comercial del presidente estadounidense, Donald Trump", que amenaza con tasar las importaciones procedentes del resto del continente, subrayan los analistas de Berenberg.

Además de producir acero, el grupo fabrica ascensores -su principal fuente de beneficios-, submarinos y partes de automóviles. Tambien idea y construye instalaciones industriales.

El acero representa ahora menos de un cuarto de sus ingresos y la acentuada volatilidad de un mercado siderúrgico lastrado por la enorme oferta de acero chino a bajo precio ha convencido al grupo para ser cada vez menos dependiente de esta actividad.

AFP