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El premio Nobel de la Paz 2010, el disidente chino Liu Xiaobo, y su esposa, Liu Xia, a su llegada al juicio del hermano de él, en Pekín en 2013

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La salida de la cárcel del premio Nobel de la paz 2010, Liu Xiaobo, aquejado de un cáncer de hígado en fase terminal, plantea interrogantes sobre el destino reservado detrás de los barrotes a los numerosos disidentes chinos.

Liu, de 61 años, fue condenado en 2009 a 11 años de prisión por "subversión". Figura fundamental del movimiento democrático de Tiananmen en 1989 y bestia negra del régimen comunista, abogó por el respeto de los derechos humanos y por elecciones democráticas libres.

El lunes, la Administración penitenciaria confirmó su puesta en libertad, indicando en un breve comunicado que Liu está siendo tratado "por un equipo de ocho oncólogos reputados" en un centro hospitalario universitario de Shenyang.

Pero esta liberación está lejos de constituir un gesto humanitario, según subrayan organizaciones de derechos humanos: habría sido decidida para evitar la desastrosa imagen que supondría para Pekín la muerte en prisión de un opositor célebre.

"Seguramente no querían que muriera en la cárcel, sino que muriera en otra parte", sentencia Sophie Richardson, directora para China de la oenegé estadounidense Human Rights Watch (HRW).

Las condiciones de detención impuestas a Liu Xiaobo dan pocas esperanzas a los demás disidentes, menos conocidos, que aún siguen en la cárcel, admiten abogados y militantes de derechos humanos.

- "Nunca libre" -

"La comunidad internacional puede ver que China no tiene ningún respeto por los derechos humanos, cuando incluso un premio Nobel de la paz es tratado de esta manera", estima un abogado de Pekín, Yu Wensheng.

China es desde hace tiempo criticada por el trato que da a militantes y opositores políticos. Desde la llegada al poder del presidente Xi Jinping a fines de 2012, la presión que se ejerce sobre la sociedad civil se ha incrementado.

Así, en julio de 2015, más de 200 abogados y defensores de los derechos humanos fueron detenidos por la policía. La mayoría han sido desde entonces liberados, pero seis de ellos fueron condenados el año pasado a penas que van hasta los siete años de cárcel.

Los tribunales chinos tienen una tasa de condenas del 99,92%, y las investigaciones están a veces falseadas por confesiones obtenidas bajo torturas.

Aunque las condiciones exactas de la liberación condicional de Liu Xiaobo no están claras, es muy probable que seguirá siendo objeto de una estrecha vigilancia policial.

- Muertos en prisión -

Los defensores de los derechos humanos exigen ahora saber si Liu Xiaobo tuvo o no un tratamiento médico en prisión y por qué no fue liberado antes.

"Es muy difícil comprender porqué su enfermedad empieza solamente a ser tratada en fase terminal", se interroga Patrick Poon, investigador de Amnistía Internacional (AI) y especialista de China.

Sophie Richardson, de Human Rights Watch, subraya que no son raros los casos en China "de opositores pacíficos que enferman gravemente y a veces mueren durante su detención".

Entre ellos figura el monje tibetano Tenzin Delek Rinpoche, muerto en prisión en 2015 al término de 13 años de encarcelamiento, tras una condena por terrorismo y separatismo.

La disidente china Cao Shunli, cuya muerte en prisión se anunció a principios de 2014, falleció a causa de "una tuberculosis y una neumonía aguda", según Pekín.

Para Sophie Richardson, el estado actual de Liu Xiaobo es en parte responsabilidad del presidente chino. "Si Xi afirma públicamente que China es un país regido por el Estado de derecho, ¿entonces cómo semejante cosa pudo producirse?", se pregunta.

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AFP