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El presidente estadounidense, Donald Trump, en la Casa Blanca, en Washington DC, el 18 de julio de 2017

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Los primeros seis meses de Donald Trump en la Casa Blanca han sido una vorágine de escándalo, caos e indignación que, a falta de un cambio importante, podría significar una condena para todo su mandato.

Todos los presidentes de EEUU se han enfrentado a crisis que parecían restar estabilidad a la Casa Blanca. Abraham Lincoln (1861-1865) tuvo que encarar una sangrienta guerra civil. Bill Clinton (1993-2001) fue humillado por unas investigaciones. A Barack Obama (2009-2017) le llevó cinco meses tapar un devastador derrame de petróleo e incluso más tiempo enderezar la economía.

Pero pocos presidentes han causado tal indignación o se han enfrentado a tantas crisis como Donald Trump en sus primeros seis meses.

"Ser consumido por el escándalo desde el primer día no es bueno, (no aprobar) ninguna legislación importante no es bueno, tener niveles de aprobación tan bajos con potencial para defecciones republicanas; todo esto no es lo que uno espera", dijo Julian Zelizer, profesor de historia en la Universidad de Princeton.

Trump asumió el cargo el pasado 20 de enero declarando que Washington estaba en quiebra y que solo un hombre de negocios audaz como él podía arreglarlo. Esa promesa parece haberse desintegrado.

La Casa Blanca continúa con escaso personal, poco cualificado y luchando por atraer nuevos talentos. El personal existente admite estar agotado y desmoralizado.

La agenda política de Trump ha sido destruida: el "muro" fronterizo no se ha construido, el TLCAN no fue anulado, el acuerdo nuclear con Irán perdura y el Obamacare sigue vigente.

Incluso con los republicanos controlando ambas cámaras, el influyente digital Drudge Report declaró que éste era "el Congreso más improductivo en 164 años".

En su discurso, Trump parece seguir en campaña, peleando con la prensa, los jueces, con su propio partido, con los demócratas y con el exdirector del FBI James Comey, al que despidió.

Un continuo goteo de pruebas amplifica las acusaciones de que su familia y sus asesores buscaron ayuda de Rusia para inclinar la elección a su favor contra Hillary Clinton.

También ha tenido puntos a favor: el grupo Estado Islámico (EI) ha sido virtualmente derrotado en Mosul y Raqa, capital del llamado califato del grupo EI en Siria, está sitiada. Trump cumplió con su promesa de desechar el acuerdo comercial transpacífico y nombró con éxito al juez conservador Neil Gorsuch en el Tribunal Supremo.

No obstante, las victorias de Trump han sido pocas. "No veo estos seis meses como un éxito y es difícil para mí ver el argumento de que sí lo ha sido", dijo Zelizer.

- Todavía hay tiempo -

Pero los presidentes pueden corregir el curso de su mandato. El primero de Bill Clinton fue notoriamente difícil y, como Trump, sufrió una temprana y embarazosa derrota legislativa en materia de salud.

"La historia está llena de ejemplos de presidentes que aprenden de sus errores y pasan a tener grandes éxitos legislativos", dijo Alex Conant, estratega republicano de Firehouse Strategies, que sirvió en el gobierno de George W. Bush (2001-2009).

"En última instancia, los presidentes son juzgados por lo que hacen y (Trump) solo tiene seis meses de vida. Todavía hay tiempo para que haga mucho, todavía podría llegar a ser un presidente de éxito", agregó.

Para ello sería necesario hacer cambios, admite Conant. "Un par de reuniones con senadores y un puñado de tuits no van a lograr algo tan polémico como la reforma de la salud", ejemplificó.

No obstante, señala, Trump todavía tiene tiempo y algunas de las habilidades necesarias para asegurar las victorias, siempre y cuando esté dispuesto a dar con el tono adecuado.

"Durante toda su vida, ha sido un buen vendedor y durante la campaña hizo un trabajo increíble energizando a la base conservadora", dijo Conant. "Esas son las habilidades que necesita ahora aplicar en el gobierno".

- ¿Su peor enemigo? -

Sin embargo, Trump podría ser el peor enemigo de su propio gobierno. "Muchos de los problemas a los que se enfrenta son él mismo, y no va a cambiar su personalidad", dijo Zelizer.

Michael Signer, alcalde demócrata de Charlottesville y profesor de la Universidad de Virginia, cree que el camino "hacia la legitimidad" para Trump solo podría ser uno: "Abrazar nuestras normas tradicionales y nuestro sistema de controles y equilibrios".

Si nada cambia, los niveles de aprobación de Trump, históricamente bajos en un 40%, podrían presagiar un traspié en las elecciones de medio mandato de 2018.

"Si los demócratas se fortalecen en tamaño o ganan poder en una o ambas cámaras, entonces el presidente estará en problemas", dijo Zelizer.

"Cuanto más acorralado se sienta, sus respuestas serán menos diplomáticas. Se enfadará, atacará a sus atacantes. No creo que se vuelva más tranquilo en el Despacho Oval, creo que, a medida que las cosas se intensifiquen, se va a poner mucho más complicado", sentenció.

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AFP