Tres personas murieron este domingo de madrugada en los peores disturbios registrados en décadas en Chile, que dejaron decenas de comercios saqueados e incendiados, y que llevaron a las autoridades a decretar toque de queda en tres regiones y a desplegar cerca de 9.500 uniformados.

La capital Santiago, Valparaíso (centro) y Concepción (sur) se encontraban bajo un fuerte resguardo militar y policial luego que el presidente Sebastián Piñera decretara un toque de queda en esas regiones durante la madrugada del domingo y hasta las 10H00 GMT, sin que eso evitara actos de violencia. Las autoridades no informaron si la medida se extendería por más días.

Tres personas murieron en un incendio que se produjo en medio del saqueo de un enorme supermercado Líder -controlado por la cadena minorista estadounidense Walmart- en el sur de Santiago, controlado por los bomberos tras dos horas combatiendo las llamas.

La intendenta (gobernadora) de Santiago, Karla Rubilar, dijo a la prensa que dos personas quedaron calcinadas, mientras que una tercera murió más tarde en el hospital.

Decenas de supermercados, automotoras y gasolineras fueron saqueados o incendiados, mientras que se registraron protestas esporádicas en varias comunas de Santiago, según las autoridades.

"Estamos viviendo altísimos niveles de delincuencia, pillaje y saqueos", dijo Alberto Espina, ministro de Defensa.

En tanto, en el aeropuerto de la capital chilena, centenares de personas quedaron varadas, muchas de ellas durmiendo en el piso, por la cancelación o reprogramación de vuelos.

El Gobierno desplegó militares también en las regiones de O'Higgins y Coquimbo, igualmente golpeadas por la violencia.

Las protestas comenzaron el viernes debido al alza de la tarifa del metro de Santiago, que cada día utilizan cerca de tres millones de personas, de 800 a 830 pesos.

Una serie de incidentes violentos en las estaciones del subterráneo llevaron al Gobierno a decretar el estado de emergencia y a desplegar militares en las calles por vez primera desde el retorno a la democracia en Chile tras el fin de la dictadura de Augusto Pinochet, en 1990.

Cuando las manifestaciones desbordaron varios puntos de Santiago, con saqueos al comercio, enfrentamientos con la policía y militares y quemas de estaciones del metro, Piñera dio marcha atrás y suspendió el sábado el alza del boleto del metro.

El domingo se reunirá con sus ministros y autoridades de los demás poderes para discutir la situación.

El mandatario también convocó a una mesa de diálogo "amplia y transversal" para acometer demandas sociales, que de momento no tienen un líder visible ni un pliego de peticiones preciso.

- Chile despertó -

Bajo gritos de "basta de abusos" y con la consigna en redes sociales "ChileDespertó", el país enfrenta extendidos reclamos contra un modelo económico en el que el acceso a la salud y a la educación es prácticamente privado, con una alta desigualdad social, bajas pensiones y el alza de los servicios básicos. La fuerza de las protestas ha descolocado al Gobierno del derechista Piñera, que sólo días antes había afirmado que Chile era una especie de "oasis" en la región.

"Nos cansamos, ya fue suficiente. Nos cansamos de que nos metan el dedo en la boca y que los políticos hagan lo que quieren y vivan de espalda a toda la realidad", alegó Javiera Alarcón, socióloga, de 29 años, que protestaba en el frontis del palacio presidencial.

- Militares en las calles -

El Gobierno desplegó cerca de 8.000 uniformados para controlar la situación y debía enviar 1.500 en las siguientes horas, informó el ministro Espina.

Además de la paralización del metro, el servicio de autobuses fue suspendido temporalmente luego que al menos cinco unidades fueran quemadas en el centro de Santiago, lo que dejó a sus siete millones de habitantes prácticamente sin transporte público.

"No me gusta la violencia ni que rompan todo, pero de repente tienen que pasar estas cosas para que dejen de burlarse de nosotros y meternos el dedo en la boca, subiendo sin freno todo menos los sueldos y todo para que los ricos de este país sean más ricos", dijo Alejandra Ibánez, una vendedora de muebles de 38 años, de San Miguel.

Algunos habitantes de Santiago salieron pacíficamente a las calles para hacer sonar sus ollas y sartenes, mientras que en barrios de la periferia se encendieron fogatas.

Francisco Vargas, un empleado de 33 años, dijo que "la gente está cansada, está harta y ya no tiene miedo".

Piñera reconoció que hay "buenas razones" para protestar, pero llamó a "manifestarse pacíficamente" y señaló que "nadie tiene derecho para actuar con la brutal violencia delictual" en referencia a los daños en el Metro de Santiago, del que fueron vandalizadas 78 estaciones.

El Gobierno anunció las suspensión de clases en los colegios de varias comunas de Santiago el lunes.

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