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El presidente estadounidense, Donald Trump, y la primera dama Melania Trump, se dirigen a la residencia de la Casa Blanca desde el helicóptero Marine One, en el Campo Sur del espacio gubernamental, el 27 de mayo de 2017, en Washington, tras un viaje al exterior de nueve días.

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Donald Trump, que comunicará la próxima semana si mantiene o no Estados Unidos en el Acuerdo de París sobre el clima, parece más aislado que nunca en la lucha contra el cambio climático, aseguran expertos y oenegés.

"¡Tomaré mi decisión final sobre el Acuerdo de París la próxima semana!", tuiteó el presidente estadounidense antes de abandonar el sábado la ciudad italiana de Taormina, donde se celebró la última cumbre del G7.

Durante la cita de dos días, los demás jefes de Estado y de Gobierno del G7 intentaron en vano convencer a Trump de las consecuencias del calentamiento global sobre la seguridad y la economía mundiales.

"Tenemos una situación de seis contra uno, lo que significa que no hay todavía ninguna señal que indique si Estados Unidos permanecerá o no en el Acuerdo de París", lamentó la canciller alemana Angela Merkel al final de la cumbre.

En este clima de incertidumbre, varios expertos y oenegés se alegran, al menos, de la unidad que mostraron los otros países del G7 (Alemania, Francia, Reino Unido, Italia, Canadá y Japón), que se opusieron a Washington y lograron dejar claras sus desavenencias con ésta en el comunicado final de la cumbre.

En el documento "reafirman su sólido compromiso para aplicar rápidamente el Acuerdo de París", lo cual implica una reducción drástica de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero de aquí a 2050 y, por lo tanto, un abandono progresivo de las energías fósiles (petróleo, carbón, gas).

Al contrario del Protocolo de Kyoto (1997), el acuerdo firmado en París, bajo la supervisión de la ONU, no impone ningún objetivo vinculante por país, sino que los compromisos nacionales se asumen de forma voluntaria.

"Europa, Canadá y Japón han tomado decisiones de forma conjunta, evidenciando una vez más cuán desconectado está Trump del resto del mundo respecto al cambio climático", considera Jennifer Morgan, directora de Greenpeace Internacional.

Para el presidente del instituto británcio E3G, Tom Burke, "Trump está claramente aislado y no está en condiciones de bloquear el proceso".

- Diez millones de empleos -

"Más que la indecisión estadounidense, lo importante es que la alianza de todas las demás grandes economías se ha reforzado (...), sobre todo en el terreno, con inversiones en infraestructuras limpias", comenta Laurence Tubiana, directora general de la European Climate Foundation.

Según un informe de la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA) publicado esta semana, el número de personas empleadas en este sector pasó de siete millones en 2012 a 9,8 millones en 2016. Una cifra que podría alcanzar a los 24 millones de individuos de aquí a 2030, "compensando así las pérdidas de empleo en el sector de los combustibles fósiles".

Si este argumento económico no convence a Trump, quien ha prometido reactivar la decaída industria del carbón en Estados Unidos, éste podría recurrir al artículo 28 del Acuerdo de París. Esa disposición permite que los firmantes se retiren del pacto, pero solamente tres años después de su entrada en vigor, que se hizo efectiva el 4 de noviembre de 2016.

Trump también podría elegir permanecer en el acuerdo, pero reduciendo los objetivos estadounidenses sobre emisiones de gases de efecto invernadero.

"Son dos malas opciones y una de ellas (la segunda) es menos mala que la otra", considera Todd Stern, exnegociador estadounidense sobre el clima.

Hasta el momento, 147 países ratificaron el Acuerdo de París, firmado a finales de 2015 por 196 partes, incluida la Unión Europea.

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