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El presidente estadounidense, Donald Trump, durante una reunión con senadores en la Casa Blanca, en Washington, el 9 de febrero

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Tras dos meses de tensión, el presidente estadounidense, Donald Trump, aseguró a su homólogo chino, Xi Jinping, que respetará el "principio de una sola China", que prohíbe cualquier contacto diplomático de países extranjeros con Taiwán.

"El presidente Trump acordó, a petición del presidente Xi, respetar la política de 'una sola China'", informó la Casa Blanca en un comunicado.

Se trata de la primera conversación telefónica entre los dos jefes de Estado desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca.

La isla de Taiwán está escindida políticamente de China desde el final de la guerra civil de 1949. El territorio tiene un Gobierno propio, pero no está reconocido por la ONU.

China rechaza relaciones diplomáticas con los países que tengan contacto con Taiwán, en virtud del principio de "una sola China".

En 1979, Estados Unidos cerró su embajada en Taiwán y reconoció el régimen comunista de China continental como la única autoridad legítima. Washington continúa sin embargo teniendo intercambios comerciales con Taiwán y vendiéndole armamento.

"Xi Jinping se congratula de la reafirmación por parte del señor Trump de la adhesión del Gobierno estadounidense al principio de 'una sola China'", dijo este viernes la televisión oficial CCTV en su web.

En una entrevista publicada en enero por el periódico estadounidense Wall Street Journal, Donald Trump aseguró, no obstante, estar dispuesto a romper este principio, afirmando que "todo está sobra la mesa, incluso 'una sola China'". El principio "no es negociable", respondió entonces Pekín.

Entre su victoria en las presidenciales de noviembre y su investidura a finales de enero, Trump irritó a Pekín aceptando una llamada telefónica de la presidenta de Taiwán, Tsai Ing-wen.

Además, en diciembre declaró no sentirse necesariamente obligado a respetar el principio de "una sola China".

- ¿Reunión Trump-Xi? -

"Antes de esta clarificación subsistía un riesgo real de que las dos partes fueran incapaces de hablar", dijo a la AFP Ashley Townshend, un experto en relaciones sino-estadounidenses de la Universidad de Sídney.

"Pero no creo que haya que interpretarlo como un signo de reconciliación hacia China", advierte. Muchos consejeros de Donald Trump y de la administración estadounidense en general siguen "desconfiando" de Pekín y el presidente "continuará cerrando los ojos con China", advierte Townshend.

Durante su campaña electoral, Trump amenazó con imponer aranceles del 45% a las importaciones chinas, acusando al país de haber "robado" miles de empleos a Estados Unidos. Esta posición preocupa mucho a los dirigentes chinos.

Trump y Xi intercambiaron aún así "invitaciones para reunirse en sus respectivos países", informó la Casa Blanca, que calificó las discusiones de "extremadamente cordiales".

"Los dos jefes de Estado (...) están impacientes por reunirse lo antes posible", dijo por su parte la televisión china.

La Casa Blanca anuncio el miércoles que Trump envió a Xi Jinping, coincidiendo con el Nuevo Año chino, una carta en la que pedía una "relación constructiva" entre ambos países, tras la tensión que siguió a su elección.

Por su parte, Xu Guoqi, un experto en relaciones entre los dos países de la Universidad de Hong Kong, valoró el jueves que la llamada de Trump demuestra que Estados Unidos "ha entrado en razón".

"Trump no tenía ni idea de lo que estaba haciendo. Su palabrería le sirvió para ganar, pero luego siguió hablando sin tener en cuenta las consecuencias y si lo que estaba diciendo era correcto o no", añade Xu Guoqi, asegurando que sin respetar la política de 'una sola China', "la relación solo podía ir en una dirección: hacia el infierno".

AFP