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El presidente estadounidense, Donald Trump, en Hagerstown, Maryland (EEUU), el 18 de agosto de 2017

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El presidente estadounidense Donald Trump presentará el lunes su estrategia sobre Afganistán, con el esperado envío de soldados adicionales para ayudar a Kabul a enfrentar a los talibanes.

Tras dos semanas caóticas que empañaron la imagen del mandatario, el discurso que debe pronunciar desde la base de Fort Myer, al suroeste de Washington, será una oportunidad para que Trump adopte una postura más presidencial y presente su visión sobre el futuro de la guerra más larga de la historia de Estados Unidos.

El discurso, previsto a las 21H00 (01H00 GMT del martes), será trasmitido en directo por las principales cadenas estadounidenses.

Dieciséis años después de los ataques del 11 de septiembre de 2001, que llevaron a Estados Unidos a lanzar una gran ofensiva para desbancar al régimen talibán en Kabul, la frágil democracia afgana está amenazada por una insurgencia desestabilizadora.

"El gobierno afgano está dividido y débil, todavía se necesitan varios años de ayuda por parte de Estados Unidos y sus aliados para que sus fuerzas de seguridad sean totalmente eficaces", resumió Anthony Cordesman, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés).

El demócrata Barack Obama, predecesor de Trump, fue electo por la promesa de poner fin al conflicto, pero a finales de 2016 renunció finalmente a la retirada total de las tropas estadounidenses.

Señal de los nuevos tiempos bajo la administración Trump, tres generales están ahora a cargo del tema: H.R. McMaster, asesor de Seguridad Nacional; John Kelly, recientemente nombrado jefe de gabinete de la Casa Blanca; y Jim Mattis, jefe del Pentágono. Los dos últimos son generales retirados de la Marina.

Todos estuvieron el viernes en Camp David junto al presidente estadounidense para preparar este anuncio, esperado desde hace varios meses.

Desde Ammán, adonde viajó para tratar asuntos de seguridad regional, Mattis aseguró el domingo que se han examinado todas las opciones.

"El proceso fue riguroso y no hubo precondiciones sobre las preguntas que se podían hacer y las decisiones que se podían tomar", declaró.

- Primera decisión post-Bannon -

La decisión de Trump será examinada con especial atención para calibrar el equilibrio de poderes dentro de una Casa Blanca marcada, desde el 20 de enero, por profundas disensiones.

El discurso del mandatario es el primero desde la partida, el viernes pasado, de Steve Bannon, su ultraconservador asesor estratégico. El polémico consejero, adalid del eslogan "Estados unidos primero" y defensor de una línea aislacionista, se oponía a un nuevo despliegue de tropas en Afganistán.

Más de 8.000 soldados estadounidenses están actualmente desplegados en la zona (contra 100.000 en el pico de implicación de Estados Unidos en el conflicto). El envío de efectivos adicionales, que según trascendió podría ser de unos 4.000 más, revertiría la tendencia a la baja de los últimos años.

Hay expectativa además sobre la visión general de Trump sobre el conflicto afgano en el mediano plazo.

Obama primero y George W. Bush antes se vieron enfrentados a preguntas de difícil respuesta.

¿Cuándo será el poder afgano, socavado por las divisiones y la corrupción, lo suficientemente fuerte como para no necesitar el apoyo de Estados Unidos? ¿Podrán las fuerzas de seguridad librarse de la ayuda estadounidense? ¿Cómo acabar con el problemático juego de Pakistán, que sirve de base de facto a los talibanes?

Conscientes de que el gobierno estadounidense puede endurecer de nuevo el tono, el Ejército paquistaní avanzó que su país no acogerá más "a ninguna estructura organizada por ningún grupo terrorista".

El Pentágono suspendió el mes pasado 50 millones de dólares para ayudar militar, al considerar que Islamabad no está lo suficientemente comprometido para desbaratar la red Haqqani, aliada de los talibanes, instalada a lo largo de la frontera afgano-paquistaní y a la que se atribuye desde hace tiempo estar vinculada al ISI, los servicios secretos paquistaníes.

Unos 2.400 soldados estadounidenses murieron en Afganistán desde 2001 y más de 20.000 resultaron heridos.

Informe tras informe, el controlador estadounidense del esfuerzo de reconstrucción en Afganistán, John Sopko, se ha referido a la ineficacia de la ayuda de más de 100.000 millones de dólares pagada en 16 años por Estados Unidos.

Antes de llegar a la Casa Blanca, el magnate envió señales contradictorias sobre este tema.

"Salgamos de Afganistán", escribió Trump en Twitter en enero de 2013. "Nuestros soldados están siendo asesinados por los afganos que entrenamos y estamos perdiendo miles de millones allí. Un disparate! Reconstruir EEUU".

Durante la campaña poco habló de este conflicto, sobre el cual parecía sentirse incómodo. Y después de afirmar que la guerra en Afganistán había sido "un terrible error", se retractó, asegurando que de hecho solo se refería a Irak.

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AFP