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El presidente de EEUU, Donald Trump, espera el 12 de septiembre de 2017 en la Casa Blanca, en Washington DC

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El presidente de EEUU, Donald Trump, pronunciará el martes por primera vez un discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, y sus palabras pueden dar una idea de la hasta ahora zigzagueante diplomacia de EEUU.

Su mensaje en la tribuna de la ONU en Nueva York, que sus asesores han señalado que durará una media hora, será la pieza central de una maratónica semana para los líderes mundiales, que competirán para dejar su marca en la escena global.

Venezuela, Birmania, Corea del Norte e Irán: el público de todo el planeta espera que Trump haga referencia a estos temas, y sobre todo al lugar de EEUU en un mundo especialmente convulsionado.

"Se trata de discursos sin equivalentes, una ocasión única para el presidente de hablar al mundo entero", dijo Ben Rhodes, asesor del expresidente Barack Obama (2009-2017), a quien ayudó a elaborar ocho discursos para pronunciar ante la ONU.

"Un sola línea de un discurso ante la Asamblea General puede ser indicativa de una nueva prioridad en un tema particular, un nuevo rumbo político y puede tener repercusiones en la comunidad diplomática durante meses", agregó.

- Muchas precisiones -

Se espera con especial interés lo que Trump diga sobre sus relaciones con Rusia, un tema que no ha dejado de envenenar su presidencia desde el primer día, o sobre el cambio climático, después de que anunciara en junio el retiro de EEUU del Acuerdo de París, firmado por 194 países.

Pero más allá de estos asuntos espinosos, la traducción de su eslogan de campaña "Estados Unidos primero" al terreno diplomático necesita aún muchas precisiones.

Máxime cuando el septuagenario presidente ha propuesto drásticos recortes (de un 30%) al presupuesto diplomático, presta muy poca atención a la secretaría de Estado y no se ha privado de criticar duramente a la ONU, una organización sobre la cual opinó, hace solo un año, que no es más que "un club en el que la gente se junta, conversa y pasa un buen rato".

El expropietario del concurso Miss Universo, que al llegar al poder era un novato en política, ha tenido pocas ocasiones de pronunciar grandes discursos.

El que dijo al asumir el cargo sorprendió por su virulencia y su estilo abrupto, mientras que el que pronunció ante el Congreso, semanas más tarde, también sorprendió, pero por su tono moderado.

El marco solemne del edificio de la ONU debería llevarlo a mantener la vista fija en el texto que verá desfilar en los 'teleprompters'.

Tal vez haga mención a los emblemáticos discursos que realizó el presidente Franklin D. Roosevelt (1933-1945), muerto el 24 de octubre de 1945, unos meses antes de su nacimiento, o John F. Kennedy (1961-1963), que el 25 de septiembre de en 1961 pronunció un vibrante elogio a la diplomacia y llamó a dotar a la ONU de "una nueva fuerza y nuevos papeles".

"El desarrollo de esta organización es la única verdadera alternativa a la guerra y la guerra ya no es una alternativa racional", dijo Kennedy en esa ocasión.

- Sin filtro -

Cuando Barack Obama, que por entonces no lucía una sola cana en su cabellera, subió a la tribuna el 23 de septiembre de 2009, quiso marcar una ruptura con la era Bush.

Para responder al "antiamericanismo" que se había desarrollado en el mundo, propuso un "nuevo capítulo" en la cooperación internacional, y dando prueba de su apego por la ONU elogió a esta organización construida "por hombres y mujeres como Roosevelt, venidos de todo el mundo", que realizaron "un trabajo extraordinario", pero que también tienen dificultades para permanecer "fieles a sus ideales".

Queda por saber qué peso otorgarán los diplomáticos al discurso de Trump. La avalancha cotidiana de tuits y la alternancia entre mensajes de claro corte presidencial y otros que no son más que diatribas coloca al presidente en un lugar poco habitual.

Para Vinca LaFleur, una de las escritoras de discursos del exmandatario demócrata Bill Clinton (1993-2001), "el mundo entero ha visto a un presidente (Trump) que se ha mostrado sin filtro alguno en numerosas ocasiones y se ha hecho una idea de lo que significa su 'tono auténtico'".

"Un discurso demasiado trabajado corre el riesgo de ser analizado bajo el ángulo de si lo que dijo refleja realmente lo que piensa el presidente", remarcó.

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