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Donald Trump habla con la prensa el domingo 14 de enero en su club de golf de West Palm Beach (Florida), al sureste de EEUU

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El primer año de Donald Trump en la Casa Blanca estuvo marcado por escándalos, controversias y una polarización que transformó profundamente la forma en que se relacionan los estadounidenses con su presidente.

"Bienvenidos al estudio", dijo Trump con una sonrisa al invitar a periodistas acreditados ante la Casa Blanca a ingresar al Salón del Gabinete para repasar su primer año como presidente de EEUU.

Desde el 20 de enero de 2017 el mundo acompaña con pasión -y también con espanto- el notable espectáculo que significa Trump en la Casa Blanca.

En realidad, más que cualquier iniciativa o cualquier política, lo que ha cautivado y por momentos asqueado a la opinión pública de todo el mundo es el estilo de su desempeño.

"La retórica de Trump no se parece a la de ningún otro presidente de la historia moderna", dijo Richard Vatz, profesor de la Universidad Towson que se especializa en la comunicación de los mandatarios estadounidenses.

Para Vatz, Trump "se comunica de forma más frecuente y está menos preocupado por las consecuencias de su lenguaje que ningún otro presidente de nuestra era".

Desde la Casa Blanca, Trump se definió a sí mismo como un "genio muy estable", llamó "países de mierda" a las naciones de donde provienen muchos inmigrantes que llegan a Estados Unidos y mintió repetidamente sobre prácticamente cualquier cosa, desde el tamaño de la multitud el día de su investidura hasta las acciones de sus adversarios.

Muchos presidentes estadounidense buscaron formas de eludir a la prensa crítica, desde las conversaciones de Franklin Roosevelt hasta las entrevistas de Barack Obama con activistas de YouTube.

Pero nada se compara con el uso que Trump hace, aún siendo presidente, de la red social Twitter.

- Comunicación constante -

Desde que llegó a la presidencia raramente ha pasado un día fuera de los titulares de los diarios gracias a sus constantes diatribas, críticas y elogios sobre casi cualquier aspecto de la vida pública.

Frases y expresiones típicas de su retórica -como el "Andan diciendo que..."- ya son parte del habla cotidiana de muchos estadounidenses.

Sus seguidores admiran, por sobre todas las cosas, la brutalidad de su estilo directo y puntual, mientras que sus opositores sufren espasmos de ira con la amoralidad, real o percibida, de cada uno de sus comentarios.

Hombre típico del mundo del espectáculo, en general discute sus ratings y la cobertura de la prensa más que cualquier otra cosa.

En opinión de Aaron David Miller, un exnegociador estadounidense para el Medio Oriente, uno de los problemas centrales es que existe una brecha entre las palabras del presidente y la realidad tal como es vista por el resto del mundo.

"La pregunta fundamental para nuestros aliados y adversarios es: ¿Cuán confiable es el presidente, cuán verosímil? ¿Realmente piensa lo que dice y dice lo que piensa?", señaló Miller.

Como presidente ya ha publicado unas 180 veces sobre lo que considera "noticias falsas" y en otras 170 oportunidades a favor de la cadena FoxNews, la única que le brinda diariamente encendidos y emocionados elogios.

A los 71 años, parece por momentos más cómodo representando en la televisión el papel de presidente que actuando efectivamente como tal.

Y mientras que la mayoría de los que aspiran a la presidencia buscan dirigirse inicialmente a su base y luego tratan de ensanchar su legión de seguidores, Trump se mantiene fiel a su base original, sin aparentemente importarle en cómo perciben sus declaraciones aquellos ajenos a su grupo de apoyo.

- Convicciones cuestionadas -

Según la Casa Blanca, el último año fue un festival sin descanso de grandes logros legislativos y registró un crecimiento sin pausa en los mercados financieros, con récords en Wall Street tras la aprobación de una reforma impositiva favorable a las empresas.

Sin embargo, este primer año de Trump cuestiona dos viejas convicciones que permitieron su llegada a la Casa Blanca: que los empresarios son más competentes que los burócratas y que los políticos solo buscan su propio beneficio.

En ese escenario, la Casa Blanca se mostró buena parte del último año como un nido de víboras en el que los "globalistas" filtraban a la prensa informaciones comprometedoras para los "populistas" y viceversa, en tanto ambos grupos lo hacían contra el propio presidente.

La llegada del general John Kelly como jefe de Gabinete, y la salida del controvertido Jefe de Estrategia Steve Bannon parecen haber puesto punto final a la constante guerra intestina.

Pero el desorden continúa, con asesores que aparecen meses después de haber sido despedidos y nuevos despidos a cada semana.

Así, los constantes cuestionamientos sobre la conducta de Trump no resuenan en el vacío. Un reciente sondeo del instituto Quinnipiac mostró que 69% de los electores considera que Trump no es muy equilibrado, y 57% cree que no está preparado para ser presidente.

Y sin embargo el Congreso, controlado por el Partido Republicano, ha garantizado hasta ahora limitar las consecuencias políticas de este escenario, lo que ha permitido al presidente continuar con su estilo desafiante. "Se niega a pedir disculpas y recurre su estilo brusco sin excusas", comentó Vatz.

Eso podría cambiar si el fiscal especial Robert Mueller, que investiga una presunta colusión de la campaña de Trump con Rusia para afectar las elecciones, encuentra evidencias de que el presidente obstruyó la justicia o si los demócratan logran controlar el Congreso con las elecciones de medio camino de noviembre.

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AFP