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La presidenta de Brasil Dilma Rousseff el 19 de enero de 2016 en el palacio presidencial de Brasilia

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Brasil inició 2016 con un reguero de malas noticias, como el pronóstico pesimista del FMI y la disparada de la inflación, que hacen prever que la luz al final del túnel aún está lejos para la séptima economía del mundo.

Esta semana el Fondo Monetario Internacional (FMI) lanzó un nuevo balde de agua fría sobre el gigante sudamericano: la economía brasileña caerá 3,5% este año y registrará crecimiento cero en 2017. Previsiones bastante más oscuras que las de octubre cuando estimaba una caída de sólo 1% para 2016 y más pesimistas incluso que las del mercado en Brasil.

Con la contracción de 2015 (que el gobierno estima en -3,1%) y el rojo de este año, Brasil anotará su primer bienio recesivo desde la década de 1930.

El país que este agosto acogerá los Juegos Olímpicos cerró el año pasado con la inflación más alta desde 2002, 10,67%, entró oficialmente en recesión tras cuatro años de enfriamiento de su economía y vio cómo aumentaba el desempleo tras un largo período en mínimos históricos.

El año terminó además con las cuentas fiscales en rojo y una crisis política desatada que planteó incluso la posibilidad de un impeachment contra la presidenta izquierdista Dilma Rousseff, en un proceso que debería resolverse a favor o en contra de la mandataria una vez que el Congreso vuelva a sus funciones a partir de febrero.

"Este año comenzó con muy malas noticias. El escenario económico para Brasil es muy malo para 2016 y también para el año siguiente", comentó a la AFP Manuel Enríquez, profesor de la Facultad de Economía y Administración de la Universidad de Sao Paulo.

"No hay confianza en el gobierno, los empresarios tienen recelo y la gente teme quedarse sin empleo; la banca tiene miedo de que no se paguen los créditos y todo eso crea un clima negativo donde no hay cómo ayudar a la demanda" para dar un impulso a la economía, añadió.

- Problemas dentro y fuera -

Tras brillar como potencia emergente en la década pasada apuntalado por el alto precio de las materias primas, Brasil asistió en 2015 al fin del idilio.

Llegó a perder su sello de buen pagador a manos de dos grandes agencias internacionales de calificación, Standard and Poor's y Fitch, que le criticaron la incapacidad de llevar adelante en el Congreso un programa de ajuste para ordenar las cuentas públicas, fracaso que incluso costó la salida del entonces ministro de Hacienda Joaquim Levy.

Buena parte de los fondos de inversión extranjeros salieron del país y el real aceleró la tendencia bajista que había mostrado desde inicios de año para cerrar los doce meses con una pérdida de 32,6% de su valor ante la divisa estadounidense.

La moneda brasileña anotó este jueves el valor más bajo desde su entrada en circulación en 1994 a 4,166 por dólar, un día después que el Banco Central decidiera mantener intacta la tasa de interés de referencia en 14,25% pese a la disparada de la inflación.

La bolsa de Sao Paulo perdió fuerza y la otrora empresa emblema de Brasil, la petrolera Petrobras, está sacudida por un enorme escándalo de corrupción que le costó miles de millones de dólares.

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AFP