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Un hombre lee el periódico Rodong Sinmun, donde se muestra al líder norcoreano, Kim Jong-un, supervisando una prueba de misiles balísticos, el 20 de julio de 2016 en Pyongyang

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En agosto de 2015, Seúl y Pyongyang rivalizaban en optimismo tras una serie de fructíferas y maratónicas negociaciones, pero, un año después, un eco de guerra fría resuena en la península coreana.

La serie de defecciones, los mensajes encriptados para los espías y la difusión de propaganda por altavoces ilustran una tensión especialmente alta.

"Las relaciones entre el Norte y el Sur no habían estado tan tensas desde el período de la Guerra Fría, en los años 1970", estima Kim Yong-Hyun, especialista de Corea del Norte en la universidad de Dongguk.

Las defecciones de altos cargos son, sin duda, el síntoma más llamativo. El número dos de la embajada de Corea del Norte en Londres, Thae Yong-Ho, acaba de ofrecer un buen golpe de efecto a Seúl.

Las causas que lo llevaron a viajar a Corea del Sur son sin duda tanto personales como ideológicas, ya que tiene dos hijos, uno de ellos todavía en edad escolar. Pero a Seúl le gusta presentar el caso como una elección entre el bien y el mal.

Thae justificó su traición diciendo que siente "repugnancia" por el régimen norcoreano y "admiración por el sistema libre y democrático" de Seúl, según la portavoz del ministerio surcoreano de Unificación.

- Misteriosos mensajes -

Cuando la tensión registró un importante recrudecimiento tras el cuarto ensayo nuclear norcoreano, en enero, Pyongyang cerró las dos vías de comunicación que existían con el Sur.

Y, en julio, Corea del Norte cortó uno de los últimos canales de comunicación con Washington, al poner fin a los intercambios a través de la misión norcoreana de Naciones Unidas.

"La ausencia total de canales de comunicación entre ambas Coreas, así como entre Pyongyang y Washington, es una verdadera fuente de preocupación", asegura Kim Yong-Hyun.

Esto significa que ambos vecinos están obligados a partir de ahora a gritar desde la frontera. En la zona desmilitarizada, que divide ambos Estados, se reactivaron los potentes altoparlantes para difundir propaganda destinada al enemigo.

Pyongyang parece haber reanudado también la transmisión de mensajes cifrados en la radio pública, destinados supuestamente a sus agentes secretos, que operan en el Sur.

Desde hace unos 20 años, no habíamos escuchado estas emisiones de onda corta, que consisten en una enumeración de cifras durante varios minutos. Los servicios de inteligencia surcoreanos las detectaron a mediados de junio.

- Las peores relaciones -

Las cosas, sin embargo, podrían haber sido diferentes. El Norte y el Sur anunciaron el 25 de agosto de 2015 un acuerdo para poner fin a una crisis que amenazaba con llevarlos a un conflicto armado.

Diez días más tarde, la guerra de declaraciones entre ambas Coreas irrumpió de nuevo, pero el ensayo nuclear norcoreano de enero hizo volar por los aires las esperanzas de diálogo y trajo consigo nuevas sanciones contra Pyongyang, así como el cierre del complejo industrial de Kaesong, último proyecto de cooperación intercoreana.

"En tiempos de paz, las relaciones intercoreanas nunca han sido tan malas", señala Yang Moo-Jin, profesor de la universidad de Estudios Norcoreanos, refiriéndose al final del comercio, de los intercambios y del diálogo.

Los medios públicos norcoreanos están sumidos en una campaña de violencia verbal sexista contra la presidenta surcoreana, Park Geun-Hye, y la tensión podría aumentar la próxima semana con el inicio de maniobras militares conjuntas entre Seúl y Washington.

Para Yang Moo-Jin, Pyongyang podría, no obstante, responder moderadamente a estos ejercicios militares de dos semanas para preservar un equilibrio de tensiones, que le va bien y que parece dividir a la comunidad internacional, como en los tiempos de la Guerra Fría.

La decisión surcoreana de aceptar el despliegue en su suelo de un sistema antimisilies estadounidenses generó, de hecho, una lluvia de críticas por parte de Pekín y Moscú.

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AFP