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Philippe Poutou, mecánico en una fábrica del grupo automovolístico Ford, durante un debate televisivo con vistas a las elecciones presidenciales en Francia

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Philippe Poutou, mecánico en una fábrica del grupo automovolístico Ford y líder de un partido anticapitalista, se convirtió el martes por la noche en una de las estrellas del segundo debate de la campaña electoral en Francia.

Poutou empezó el debate negándose a aparecer en la foto de grupo de los candidatos y se fue convirtiendo en la voz de los votantes descontentos con una campaña marcada por los escándalos.

El candidato presidencial de 50 años, que vestía una camiseta de manga larga en lugar del tradicional traje con corbata, dejó claro su mensaje desde su primera intervención. "Aparte de (la candidata comunista) Nathalie Arthaud, creo que soy la única persona en estos atriles que tiene un trabajo normal, un empleo normal", dijo Poutou, que trabaja en una fábrica en Burdeos, en el suroeste de Francia.

"Nosotros sí podemos hablar en nombre de los millones de personas que sufren por la crisis (económica), que está hartos de esa apisonadora capitalista que lo destruye todo a su paso", añadió.

El enfrentamiento entre el obrero y sus rivales políticos profesionales fue especialmente duro por momentos. Poutou no dudó en denunciar al candidato de la derecha, François Fillon, imputado por desvío de fondos públicos después de que se revelara que pagó cientos de miles de euros a su mujer por un presunto empleo ficticio como asistenta parlamentaria.

"Son hombres que nos explican que se necesita rigor, austeridad, mientras roban en la caja", dijo ante el ex primer ministro Fillon, que amenazó con llevarlo a juicio por sus palabras.

El candidato anticapitalista también atacó a la lideresa del ultraderechista Frente Nacional, Marine Le Pen, que invocó su inmunidad parlamentaria para eludir la convocatoria de los jueces que investigan otro caso de supuestos empleos ficticios, en el Parlamento Europeo.

"Para alguien tan antieuropeo, a ella no le molesta para nada robar en las arcas de Europa", espetó. A nosotros "cuando nos convoca la policía, no tenemos inmunidad obrera, ¡tenemos que ir!", añadió provocando los aplausos de la audiencia.

En cuanto al centrista Emmanuel Macron, un exbanquero y exministro de Economía de 39 años favorito según los sondeos, Poutou aseguró que no "sabía nada sobre el trabajo".

- 'Representante de la clase trabajadora' -

Su actuación lo convirtió enseguida en un personaje popular en las redes sociales.

Para Christophe Gueugneau, comentarista en la página web de información Mediapart, Poutou "se ha mostrado como el representante natural de la clase trabajadora".

Algunos lo alabaron por atreverse a hablar de las acusaciones de corrupción que han empañado la campaña de las elecciones presidenciales de los próximos 23 de abril y 7 de mayo, tras un primer debate en el que apenas se mencionaron.

Después del debate del martes, los organizadores de un tercer debate previsto para 20 de abril anunciaron el miércoles que no tendría lugar debido a las reservas mostradas por varios candidatos.

Las intervenciones de Poutou no sólo suscitaron entusiasmo. Algunos analistas lo acusaron de rebajar el tono del debate y señalaron que sus respuestas sobre asuntos políticos como Europa o la economía fueron a menudo confusos e incoherentes.

"No creo que Philippe Poutou merezca cualquier tipo de honor", opinó Anna Cabana, analista política del canal de noticias BFM TV. "Actuó de forma muy irrespetuosa".

El perfil del candidato encaja con el de otros representantes de la clase trabajadora en épocas recientes, que no lograron buenos resultados electorales, pero sí gozaron de una breve celebridad en un país con una vena rebelde y una larga historia de revueltas contra la clase dominante.

Poutou sólo obtuvo el 1,15% de los votos la primera vez que se presentó, en 2012, y los sondeos no prevén que logre un resultado muy superior esta vez.

Entre sus propuestas estrellas cabe destacar la prohibición de los despidos para las empresas, el paso de la semana laboral de 35 a 32 horas y la expropiación de compañías del sector bancario.

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AFP