Un partido cristiano libanés dimitió este sábado del gobierno de coalición después de que decenas de miles de personas salieran a las calles para un tercer día de protestas contra la subida de los impuestos y la presunta corrupción de los políticos.

Por la noche, el partido Fuerzas Libanesas, aliado del primer ministro Saad Hariri, anunció la dimisión de sus ministros.

"Estamos convencidos de que el gobierno es incapaz de tomar las medidas necesarias para solucionar la situación. En consecuencia nuestro bloque ha decidido pedir a sus ministros que dimitan", anunció el líder, Samir Geagea.

El anuncio fue acogido con júbilo por los manifestantes en Beirut. En Trípoli, la segunda ciudad del país, algunos lo celebraron con fuegos artificiales.

"Yo creo que tal vez sea mejor que todo el gobierno renuncie", dijo Ali, un manifestante en la plaza Al Nur de Trípoli.

"La gente se ha despertado", comentó el joven de 24 años, que pide elecciones parlamentarias anticipadas.

Pese al llamamiento a la moderación de varios políticos y a la intervención de las fuerzas de seguridad el viernes por la noche, los manifestantes volvieron a congregarse el sábado por la mañana en varias ciudades del país.

El número de manifestantes fue en aumento por la tarde tanto en el centro de Beirut como en Trípoli, segunda ciudad del país, pero también en Tiro (sur), en Akkar (norte) y en Baalbek (sur).

"¡Revolución, revolución!" corearon los manifestantes en la capital. "La gente quiere la caída del régimen".

Esta nueva jornada de movilización recordaba el levantamiento popular inédito en 2005, que puso fin a los 29 años de tutela siria en Líbano.

Los manifestante cortaron varias carreteras con barricadas o neumáticos y contenedores de basura incendiados.

Por la mañana, el ejército reabrió las carreteras, mientras un equipo de voluntarios se afanaba en limpiar en las inmediaciones del parlamento los desechos de la víspera.

En un comunicado, el ejército pidió que los manifestantes "se expresen de manera pacífica, sin atacar los bienes públicos y privados".

Los servicios de seguridad detuvieron a decenas de personas pero más tarde quedaron en libertad, según la Agencia Nacional de Información (ANI).

- "Nos explotan" -

Amnistía Internacional pidió a las autoridades "poner fin inmediatamente al uso excesivo de la fuerza contra manifestantes pacíficos".

El movimiento de protesta estalló el jueves después de que el gobierno anunciara un impuesto sobre las llamadas que se efectúen a través de las aplicaciones de mensajería internet.

Las autoridades acabaron por renunciar a ella ante la presión popular, pero el hastío se canalizó hacia la situación económica y política en general.

El movimiento se extendió por algunos feudos del poderoso movimiento chiita de Hezbolá y de su aliado, el partido Amal.

En Tiro, donde el jefe del Parlamento y jefe de Amal, Nabih Berri, fue acusado de fraude la víspera por los manifestantes, decenas de sus partidarios atacaron el sábado a los contestatarios, según un testigo.

En un comunicado, Amal denunció estas agresiones y afirmó su deseo de "abrir una investigación".

En Trípoli, una manifestante, Hoda Sayyur, de unos 50 años, aseguró que continuará protestando. "Nos explotan y no hacen nada por mejorar los servicios", lamentó.

Más de una cuarta parte de la población de Líbano vive bajo el umbral de la pobreza, según el Banco Mundial.

La clase política, prácticamente la misma desde la guerra civil (1975-1990), es acusada de corrupción y nepotismo en un país con unas infraestructuras deterioradas.

- "Mensaje ensordecedor" -

El viernes, las escuelas, las universidades, los bancos y las instituciones públicas cerraron. Los bancos seguían cerrados el sábado.

Tras haber lanzado el viernes un ultimátum de 72 horas a sus socios de coalición -a los que acusa de impedir sus esfuerzos de reformas-, el primer ministro llevó a cabo reuniones de consultas el sábado con diputados, ministros y economistas.

Líbano se comprometió en abril de 2018 a iniciar reformas durante una conferencia internacional a cambio de promesas de préstamos y donaciones por un total de 11.600 millones de dólares.

Pero estas no llegan. Mientras, la deuda pública del país alcanza más de 86.000 millones de dólares, es decir más del 150% del PIB, tercera tasa más alta en el mundo.

El primer ministro había insinuado el viernes que podría dimitir.

El sábado, el líder de Hezbolá, Hasan Nasralá, expresó su oposición a una dimisión, pero pidió que se responda "al mensaje ensordecedor de los manifestantes".

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