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Un iraquí vende alcohol en su tienda de Mosul, el 10 de mayo de 2017

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Nada deja adivinar que Abu Haidar vende whisky y vodka, sin embargo, es el primer vendedor de bebidas alcohólicas en volver a abrir su negocio en Mosul (Irak) desde que los yihadistas del grupo Estado Islámico (EI) fueran expulsados.

El joven asegura que recibe hasta mil clientes cada día en su pequeña tienda situada en una zona industrial del este de Mosul, zona que las fuerzas iraquíes reconquistaron en enero.

El alcohol nunca desapareció totalmente de la ciudad, que hasta enero era la capital del 'califato' proclamado por la organización extremista sunita en los territorios de Irak y Siria. No obstante, beber se había convertido en algo peligroso y caro.

"Solo había alcohol de contrabando (...) Esta botella valía hasta 50.000 o 60.000 dinares (46 euros)", dice, mostrando un envase de un cuarto de litro. "El litro costaba hasta 100 dólares (90 euros)".

Los precios regresaron a su nivel de antes del 'califato'. Se necesitan unos 4,5 euros para comprar un cuarto de litro. "Por la tarde está lleno de gente", dice Abú Haidar, atendiendo clientes detrás de su mostrador.

"Durante tres años la gente no tuvo alcohol y solían consumir. Había bares, clubes y casinos. Todos cerraron y la gente ahora empieza a beber de nuevo", dijo.

En su negocio, las botellas se amontonan hasta el techo. Hay 'ouzo', 'arak' (una bebida regional aromatizada con anís) y marcas desconocidas de vodka y whisky baratas, las que se encuentran en Bagdad o en el barrio cristiano de Erbil, capital de la región kurda vecina.

- Temor a atentados -

Dos neveras grandes están repletas de latas de cerveza de diferentes marcas, entre las que hay una importante selección de marcas turcas y surcoreanas junto a Miller o Heineken.

Abu Haidar apenas podría diferenciarlas: es musulmán a diferencia de los propietarios de negocios de alcohol en Irak, que generalmente son cristianos o yazidíes. Dice que un amigo le convenció para invertir en lo que parecía ser un buen negocio.

La parte oriental de Mosul volvió relativamente rápido a una vida casi normal, después de que las fuerzas iraquíes expulsaran a los yihadistas hace cuatro meses.

Aunque los atentados son más infrecuentes, muchos de los habitantes de la zona temen que entre los civiles se escondan partidarios del 'califato'.

Abu Haidar vigila la calle con inquietud, por miedo a un ataque de los últimos miembros de la 'hisbah', la policía religiosa de los yihadistas. La mayoría de los clientes se niega a ser entrevistado, y mucho menos fotografiado o grabado.

"En los últimos tiempos había negocios clandestinos y algunos vendían alcohol en sus casas, pero ahora se trata de un comercio legal, es más barato y es lo que queremos", dice Karim Jasem.

Jasem recuerda con miedo los riesgos que tenía que tomar para beber cuando el grupo EI controlaba la ciudad.

"Tenía miedo. Bebía, luego salía de la casa de mi amigo y regresaba pasando por las calles pequeñas", recuerda. "Todos mis amigos beben. Soy del barrio Nur y no diría que todos allí beben (...), pero todos mis amigos lo hacen", dice.

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AFP