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Una vista general de las calles con carteles de Al Qaeda anunciando órdenes islamistas en el puerto yemení de Mukalla, en la provincia de Hadramawt, el 3 de mayo de 2016

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Los habitantes de Mukalla respiran más tranquilos desde la huida de los yihadistas de Al Qaida, que durante un año impusieron una versión estricta del islam en esta ciudad del sureste de Yemen.

La presencia yihadista ha dejado huella en esta urbe portuaria de 200.000 habitantes, capital de la provincia desértica de Hadramut. Pero desde el 24 de abril ya no se ven combatientes de Al Qaida. Una operación del ejército yemení, respaldado por las fuerzas especiales de Emiratos Árabes Unidos, los obligó a huir.

"Vivíamos bajo el terror de que los combatientes de Al Qaida nos detuvieran o nos forzaran a incorporarnos a sus filas", cuenta Mujahid al Qaiqi, de 22 años, que vive en el céntrico barrio de Dis. Las fuerzas de seguridad ocupan ahora su lugar, y registran minuciosamente los vehículos por miedo a "infiltraciones". La ciudad parece otra.

Al Qaida, muy arraigada en el sur de Yemen desde hace más de 20 años, se apoderó de Mukalla en abril de 2015, aprovechando el caos generado por el conflicto entre los rebeldes chiíes hutíes y las fuerzas partidarias del presidente Abd Rabbo Mansur Hadi. "Fuimos testigos de un recorte drástico de las libertades", recuerda Lamis al Hamidi.

- Ni música ni cine -

Los yihadistas contaban con una policía religiosa que se encargaba de prohibir que hubiera mujeres y hombres juntos en los lugares públicos y perseguían a los disidentes, explica Hamidi. En un panel todavía se lee: "Mujeres fieles cubran sus cuerpos puros de la agresión de ojos indiscretos".

Los agentes de Al Qaida arrestaban sistemáticamente a cualquier pareja para verificar el parentesco entre ellos, afirma otro habitante, Saleh Naser. Por ejemplo, el 4 de enero lapidaron a una mujer acusada de adulterio delante de decenas de personas, cuentan testigos.

Los miembros de Al Qaida "llegaron incluso a prohibir los cánticos y los bailes en las bodas", señala Alauia Sakaf en esta ciudad con una fuerte tradición musical. "Un buen día desembarcaron en mi comercio y me exigieron que borrara todas las grabaciones de música y cine", afirma Isa Ghaleb, propietario de una tienda de discos. "En su lugar propusieron vídeos de Al Qaida sobre sus operaciones en Afganistán, Irak y Siria".

Los yihadistas también destruyeron tumbas y mausoleos alegando que el islam prohíbe la idolatría.

- Servicios públicos garantizados -

Pese a las restricciones de las libertades, Al Qaida veló por el funcionamiento de los servicios públicos, según testigos.

"Los miembros de Al Qaida se encargaron de garantizar los servicios públicos como el agua y la electricidad, y lo consiguieron", reconoce Abdel Jabar Bajbir, un estudiante residente en Shahr, ciudad situada a 60 km de Mukalla y que también estaba bajo control de los yihadistas.

En un comunicado del pasado 25 de abril, el grupo extremista suní justificaba su retirada de Mukalla y afirmaba haber "preservado la ciudad de los hutíes", a los que considera herejes por ser chiíes.

Al Qaida decía que su retirada era táctica para "no provocar destrucciones" en esta ciudad bombardeada por la coalición árabe que interviene en Yemen bajo mando saudí en apoyo del Gobierno. Y aseguraba que "la seguridad" en Mukalla "permitió a la economía desarrollarse y al comercio prosperar", unos argumentos que calan entre los yemeníes en estos tiempos de guerra.

Algunos habitantes de Mukalla dicen temer que la vuelta del Gobierno traiga consigo un deterioro de los servicios públicos.

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AFP