AFP internacional

Varias personas cruzan en ferry el río Bósforo en Estambul el 6 de abril de 2017

(afp_tickers)

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, construyó sus éxitos electorales con el boom económico alcanzado durante su mandato, pero aborda el referéndum del domingo sobre la ampliación de sus poderes con una economía debilitada.

"Miren de dónde salimos y dónde estamos hoy", repite complacido Erdogan en sus mítines.

El PIB per capita es más de tres veces superior al que era cuando llegó al poder y el país se ha dotado de modernas infraestructuras que son el orgullo del Gobierno.

Este impulso económico registrado desde que Erdogan se puso a las riendas del país en 2003 como primer ministro y, desde 2014, como presidente, sigue siendo una de las principales palancas de su popularidad y de la de su partido, el AKP.

Pero la economía ha empezado a perder impulso en estos últimos meses y esta degradación podría influir en el voto de los electores llamados a pronunciarse el próximo domingo sobre una reforma constitucional que ampliaría considerablemente los poderes del presidente.

La inflación registró en marzo unos niveles que no se veían desde octubre de 2008, el paro alcanzó el 10,9% en 2016 y hasta el 19,6% entre los jóvenes de 15 a 24 años; y la libra turca ha perdido más del 3,9% de su valor frente al dólar desde enero, en un contexto de incertidumbre política y económica.

- Indecisos -

Según Atilla Yesilada, especialista en Turquía del Global Source Partners, la situación económica puede explicar la gran parte de indecisos que la mayoría de los sondeos destacan.

"La base electoral del AKP es islamista y conservadora, sí, pero también son pequeños emprendedores", afirma. "Y esta política no es buena para los negocios".

"Erdogan y la campaña del 'sí' padecen la debilidad económica", asegura un economista que pidió el anonimato. Dado el 61% de los votos recabados en las elecciones legislativas de noviembre de 2015 por el AKP y el partido nacionalista MHP, que apoya la reforma, "ganar este referéndum debería haber sido muy fácil para ellos", estima.

William Jackson, del gabinete londinense Capital Economics, minimiza por su parte la importancia del factor económico en este referéndum, al contrario de lo sucedido en los comicios legislativos pasados, donde se podía establecer una relación entre la confianza de los consumidores y los resultados del AKP.

"Un referéndum sobre la constitución es otra cosa y la fuerza relativa del 'no' en los sondeos podría ser más el reflejo de su opinión sobre el texto mismo que sobre el AKP", indica.

El Gobierno imputa la morosidad económica actual a la actitud expectante de los inversores ante el referéndum y asegura que una vez haya pasado, el crecimiento se reanudará. Pero, para los analistas, los problemas económicos de Turquía tienen raíces más profundas.

Entre estos, un profundo déficit de las cuentas corrientes, tasas de ahorro crónicamente débiles y un extendido recurso al trabajo irregular.

Además, 2016 estuvo marcado por el golpe de Estado fallido del 15 de julio y una oleada de atentados sin precedente vinculados con los yihadistas del grupo Estado Islámico y la rebelión kurda, que hicieron que los beneficios del turismo se desplomaran, mientras que suponen casi el 5% del PIB.

Con todo, el crecimiento de 2016 alcanzó el 2,9%, mucho más de lo previsto por los analistas, a pesar de que un nuevo modelo de cálculo del PIB implantado a finales de año dejó perplejos a algunos de ellos.

Además, la Bolsa de Estambul se enderezó a principios de año, ganando un 15,3% desde enero y llegando el martes a su nivel más alto en diez meses.

- Sin 'visibilidad' -

Los analistas coinciden en decir que una victoria del "sí" provocaría una breve mejora de los mercados, puesto que una victoria del "no" genera más incertidumbres, principalmente ante la perspectiva de unas elecciones legislativas anticipadas.

Según una publicación del Capital Economics de finales de marzo sobre el referéndum, los inversores temen que, si se aprueba la reforma, el presidente aumente su control sobre la política fiscal y monetaria, así como la consecución de políticas más arbitrarias y una degradación del clima económico.

"No hay visibilidad para las empresas", estima Atilla Yesilada, aludiendo a las relaciones con la Unión Europea, que se han tensado netamente durante la campaña.

"Todos nuestros indicadores muestran que las compañías europeas son cada vez más distantes hacia Turquía y, honestamente, no veo que esta tendencia mejore", explica Yesilada.

AFP

 AFP internacional