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Varias mujeres esperan el 4 de julio de 2017 en la estación de autobuses de Ramusa, en Alepo (norte de Siria), tras huir de ciudades como Raqa (norte), Deir Ezor y Mayadin (este)

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Sirios que huyeron del grupo yihadista Estado Islámico (EI) esperan largas horas bajo el sol en las aceras polvorientas de la estación de autobuses de Alepo. Sus caras pálidas y ojerosas reflejan un cansancio extremo.

Miles de rebeldes y de civiles fueron evacuados de esta estación en 2016, cuando el régimen sirio se apoderó de toda Alepo. Hoy se ha convertido en un punto de tránsito para otras víctimas de la guerra en Siria.

En el "garaje de Ramusa", como lo llaman los habitantes de Alepo, familias enteras que huyeron de los bastiones yihadistas de Raqa, Mayadin y Deir Ezor ansían reunirse con sus familiares o amigos en otras ciudades del país.

"Que estemos aquí es un milagro", declara a la AFP Um Hamud, rodeada de sus diez hijos, el más joven de ellos de seis meses.

Antes de la guerra, ella viajaba entre su Raqa natal -actual bastión del grupo yihadista EI en el norte de Siria- y Alepo (a una distancia de 200 kilómetros al oeste) en dos horas. Ahora tardó un mes.

"Nos fuimos de Raqa en el comienzo del ramadán tras haber pagado 150.000 libras sirias (casi 300 dólares) por persona. Nos cuesta creer que hayamos sobrevivido", cuenta esta mujer de 45 años con problemas para amamantar a su bebé.

A bordo de una camioneta, su familia sobrevivió a las minas, a un bombardeo aéreo, a los yihadistas que persiguen a los fugitivos... El martes llegaron a Alepo. Su objetivo último es la ciudad de Homs (centro), donde tienen familia.

- Larga espera -

Um Hamud se encontró con una Alepo en ruinas, devastada por cuatro años de combates. "De niña visitaba Alepo con mis padres, íbamos al restaurante, era bonito", recuerda emocionada, vestida con una abaya (túnica) negra bordada con hilo dorado.

Mohamad, empleado de una compañía de autobuses, afirma haber visto "a enfermos que llevan años sin ser atendidos por médicos. Los niños llegan hambrientos". "A veces se pasan 24 horas esperando" el próximo autocar.

Su compañía, Al Eman, es una de las pocas que opera en la estación de Ramusa, reabierta en julio por primera vez desde 2012, cuando Alepo quedó dividida en un sector progubernamental y otro insurgente.

Ramusa era un sector estratégico por encontrarse en la ruta hacia Damasco. Los barracones destruidos cerca de la estación y los coches calcinados dan fe de la violencia de los combates.

Después de que el régimen sirio se apoderara de la ciudad, la estación de Ramusa fue el punto de partida de los autobuses que evacuaban a los rebeldes y los civiles bloqueados durante meses en la parte oriental de la excapital económica del país.

Pero la estación, atestada de gente hasta 2012, no es ni la sombra de lo que fue. Las vitrinas de las compañías de autobuses han desaparecido, las oficinas están casi vacías y el edificio principal, devastado.

"Antes, los autobuses salían cada media hora, estaba abarrotado", cuenta Mohamad. Ahora el tráfico es aleatorio, con un máximo de 15 autobuses diarios.

- Destrucción -

Abud el Sayah se fue de Raqa hace tres meses, cuando las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), una alianza kurda y árabe que combate al grupo EI con la ayuda de Estados Unidos, se acercaban a la ciudad.

"Viví en el desierto (en la provincia de Raqa) y me ocupaba con unos parientes de un rebaño de ovejas", cuenta este septuagenario. Fue pasando de aldea en aldea y ahora espera un autobús para la ciudad costera de Latakia (oeste), donde tiene familia.

En cuanto a Ruqaya, de 66 años, llegó en camioneta de Mayadin, localidad bajo control del grupo EI en el este del país, cerca de la frontera iraquí.

Esta madre de cinco hijos se considera afortunada porque hizo el trayecto en cuatro días, tras haber pagado el equivalente de más de 3.700 dólares (3.200 euros) para toda la familia.

Durante este viaje del este hacia el norte de Siria, Ruqaya se dio cuenta de los estragos causados por la guerra. "Íbamos de destrucción en destrucción. En Tabqa (oeste de Raqa) todo está asolado. En Alepo, que era un paraíso, vi el hospital donde trabajaba uno de mis hijos. Estaba completamente aplastado". "¿Por qué toda esta destrucción? ¿Por qué se echa a la gente de sus casas?".

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AFP