El árbol de Navidad está iluminado en el hotel Imperial, a la entrada de la Ciudad Vieja de Jerusalén, pero sus inquilinos, una familia de palestinos cristianos, no tienen el ánimo para celebraciones porque temen verse expulsados del lugar por un grupo de colonos israelíes tras una larga batalla judicial.

El local de 48 habitaciones, situado en el barrio cristiano de la Ciudad Vieja, es objeto desde 2004 de una contienda entre la iglesia ortodoxa griega y la asociación israelí ultranacionalista, Ateret Cohanim, que trabaja fervientemente para traer más judíos a la ciudad.

En junio un tribunal israelí dio su visto bueno a la polémica venta a Ateret Cohanim, realizada en 2004, una operación en la que también fueron vendidos el hotel vecino Petra y un tercer edificio. Las tres propiedades pertenecían a la Iglesia ortodoxa griega.

La iglesia llevó a la asociación israelí ante los tribunales argumentando que las ventas se habían realizado ilegalmente y sin autorización.

Sin embargo, el destino de la familia Al Dajani, que gestiona el hotel Imperial desde 1949, parecía estar claro. Pero a finales de noviembre, la evacuación y el traspaso de propiedad de los tres edificios se paralizó por 30 días debido a la aparición de "pruebas que muestran un fraude y un engaño durante la operación de venta" explicó a la AFP Maher Hanna, abogado de la familia Al Dajani.

Ateret Cohanim no respondió a las preguntas de la AFP, pero una fuente cercana a la organización aseguró que los colonos tomarán posesión de los lugares.

La familia al-Dajani alquila el hotel a la iglesia y paga una renta anual de 200.000 shekels (unos 57.000 dólares). Ahora, Ateret Cohanim pide a los Al Dajani que paguen unos 10 millones de shekels (2,9 millones de dólares), por una diferencia en el alquiler de los últimos 15 años, explica el portavoz de la familia.

- La batalla por Jerusalén -

El infortunio de la familia Al Dajani es un ejemplo de la lucha por la tierra que libran los palestinos e israelíes por Jerusalén.

Los tres edificios afectados por esta venta se encuentran legalmente en Jerusalén Este, ocupada y anexada por Israel desde 1967 en "violación flagrante del derecho internacional", según la ONU. Y es justamente en esta zona donde Ateret Cohanim compra casas a palestinos desde hace años usando a menudo una identidad falsa, para instalar después a colonos.

En este momento, unos 320.000 palestinos viven en esta parte oriental de la ciudad, zona que aspiran a convertir un día en la capital de su Estado.

Paralelamente, Israel considera desde 1980 a Jerusalén su capital "eterna e indivisible". En 1967, cuando ocupó esta parte oriental de la ciudad, en ella vivían algunos centenares de colonos y en este momento ya son 210.000.

La venta del hotel Imperial y de los dos edificios aledaños ha provocado desde hace años la cólera de los palestinos y provocó la destitución del patriarca de la iglesia ortodoxa griega Ireneos I en 2005.

Si la venta prospera, Ateret Cohanim se convertirá en propietario de la mayoría de los edificios situados en torno a la puerta de Jaffa, una de las entradas principales de la Ciudad Vieja, muy cerca de los lugares santos de las tres religiones monoteístas.

- Regalo de Navidad -

La decisión de la justicia israelí de postergar estas expulsiones parece ser un regalo de bienvenida al patriarca Theophilos III, según Alif Sabbagh, investigador especializado en propiedades de la iglesia ortodoxa griega, con mas de 90.000 fieles.

Porque pese a sus acciones legales contra los colonos israelíes, esta iglesia ha sido a menudo acusada por los palestinos de vender sus bienes inmobiliarios a Israel.

A pocos metros del Imperial, el hotel Petra está casi vacío. Pese a su maravillosa vista sobre la Ciudad Vieja, el edificio está en plena decadencia y sólo 20 de sus 40 habitaciones pueden alquilarse porque el resto no está en condiciones.

El hotel ha perdido millones debido a esta batalla judicial, que ha paralizado sus negocios y sus obras de renovación.

"Desde 2004 estamos esperando. Queremos una decisión clara, por escrito, y un documento oficial", dice un responsable del hotel, que prefiere no dar su nombre.

Porque con la suspensión temporal de las expulsiones "los palestinos han ganado una batalla pero no la guerra".

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