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El alcalde de Buenos Aires y ganador de las elecciones presidenciales argentinas, Mauricio Macri, de la alianza conservadora Cambiemos, celebrando con su hija y sus seguidores su victoria, el 22 de noviembre de 2015 en la capital argentina

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Un búnker político convertido en una discoteca y una victoria presidencial celebrada como un carnaval: así se vivió el triunfo de Mauricio Macri sobre su rival oficialista Daniel Scioli, en una jornada en la que el ganador terminó bailando cumbia.

"Se siente, se siente Mauricio presidente", coreaban en la sede electoral de la alianza conservadora Cambiemos, apenas cerraron en Argentina los centros de votación a las 18H00 locales (21H00 GMT) y los televisores anunciaron "Gana Macri", consigna que se repitió durante toda la noche. Una lluvia de globos celestes y blancos y papelitos de colores coronaron la noche con un exultante Macri, bailando con Antonia -su hija de tres años- en los hombros, mientras se encendían y apagaban las luces.

Cuando su victoria era irreversible, apareció cual estrella de rock el empresario de 56 años, ovacionado por miles de seguidores que se agolparon en la sede electoral para aclamar a su candidato, que dejará la alcaldía de Buenos Aires el mismo 10 de diciembre que asumirá la presidencia de manos de la mandataria saliente Cristina Kirchner.

"Oh, oh, estoy con vos", coreaban al unísono, cuando hizo ingreso Macri al enorme salón del centro de exposiciones y eventos Costa Salguero, en la zona norte de la Capital, habilitado para 7.000 invitados.

"Gracias por haber creído que juntos podemos construir la Argentina que soñamos", dijo en un tono íntimo, micrófono en mano, y caminando sobre el escenario compartido con toda la conducción de la alianza de centro-derecha Cambiemos. Los presentes le respondieron al grito de "Argentina, Argentina".

Macri resumió la jornada como "un día histórico, de cambio de época", y apeló a su promesa de "unir a los argentinos", en el tono conciliador y cuasi evangelizador que simbolizó su campaña en contraposición con el estilo confrontativo de los Kirchner.

La celebración del "cambio" -de gobierno y de época- fue protagonista en la velada, vivida como un verdadero carnaval por los seguidores de Macri, que hace tan solo un mes veían como una utopía la llegada del derechista alcalde de Buenos Aires a la presidencia argentina.

- Un giro en estilo -

Desde los parlantes no dejó de sonar el rock vernáculo, la cumbia o el pop en una verdadera 'rave', muy alejada de tradicionales actos políticos y muy seguido por jóvenes y familias con niños.

"Estamos muy felices con lo que pasó en Argentina", lanzó Marcos Peña, jefe de campaña e ideólogo del PRO (Propuesta Republicana, derecha), que lidera Macri.

Cientos de periodistas argentinos y extranjeros colmaron el espacio dispuesto para la prensa, rodeado por cinco pantallas gigantes y una inmensa pista de baile, con iluminación de bola de espejos.

"Macri va a llevar a Argentina, muy pero muy lejos", se entusiasmó Nicolás Galano, de 62 años, votante del chef Martiniano Molina, quien arrebató al kirchnerismo la alcaldía de Quilmes, un histórico bastión peronista que pasó a la oposición en las elecciones del 25 de octubre.

"Sí, se puede. sí, se puede", arengó María Eugenia Vidal, símbolo del batacazo de Cambiemos en la primera vuelta del 25 de octubre cuando arrebató al oficialismo la gobernación de la provincia de Buenos Aires, donde vive un tercio de los 40 millones de argentinos, tradicionalmente peronistas.

"Yo lo voté a Macri para que cambie algo en el país. A mí me tocó de muy cerca la inseguridad. Lo mataron a mi hermano, en la calle, por nada. Esperemos que eso cambie", dijo a AFP Angeles Rodríguez, una empleada de 24 años.

De su lado, Ayelén Sánchez, estudiante de Derecho en la universidad pública de Buenos Aires (UBA), de 21 años, se ilusionó con que "se va a terminar toda esta cosa de corrupción, la política mugrienta. La gente está muy esperanzada", dijo.

AFP