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La silueta de dos niñas jugando se recorta sobre un muro con una petición: "Let them cross the border" ("Déjenles cruzar la frontera"), en un campamento de migrantes y refugiados cerca de Idomeni, en la frontera greco-macedonia, el 4 de mayo de 2016

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¿Qué siente una persona que entra clandestinamente a un país en un contenedor, casi sin aire, a merced de traficantes de personas? En París una obra teatral sienta al espectador en el lugar del migrante y reproduce el horror que sufren en su intento por llegar a Europa.

Afuera del antiguo Museo de las Colonias de París, un edificio 'art deco' en cuya fachada están representados en un bajorrelieve los grandes exploradores franceses, un contenedor de metal oxidado alberga todas las noches 'Ticket'.

Por 12 euros, una compañía ofrece un espectáculo en el que se mezcla "el documental y la ficción, es una experiencia que embarca a los espectadores en un camión, muy cerca de las condiciones de viaje de los migrantes". "A partir de ahora, vas a hacer exactamente lo que yo te diga. No quiero oír ni una palabra más", dice a la audiencia un hombre menudo que se identifica como 'King Phone'. Está vestido con un traje brillante y zapatos de piel de cocodrilo y tiene el pelo engominado.

Los espectadores sueltan risas nerviosas. El hombre les lanza una mirada inquisidora y espeta: "Cierra el hocico". "Lo que te propongo es El Dorado, es ir a Francia. Este camión es tu pasaporte hacia el paraíso. Allí todo es posible", dice riendo, mientras juega con las cadenas de oro que cuelgan de su cuello. "En un día ganas lo mismo que en un mes en tu país. Allá tienen tanta comida que la tiran. Los ricos están a dieta y los pobres son gordos", cuenta, pero advierte: "Este viaje no tiene vuelta".

A gritos conduce al grupo corriendo por el jardín del museo hasta el contenedor y les explica que para subir tienen que entregarles su carné de identidad. La gente se mira perpleja, algunos se ríen, pero muchos comienzan a sacar sus documentos y los entregan. Una extranjera dice "yo no soy francesa, no puedo".

El hombre pasa el mando a un actor ruso vestido con pantalón militar, cazadora y gafas oscuras. A gritos organiza la entrada en el contenedor, zarandea a algunos espectadores y les lanza unas botellas de agua medio vacías. Les apunta con una linterna y cierra la puerta. Se escucha el ronroneo de un motor y en medio de la oscuridad una grabación reproduce relatos reales de migrantes.

Se enciende una luz y una actriz se encarama a una escalera y abre una ventana en el techo del contenedor. Habla una mezcla de inglés y de bantú, llora, gime y se revuelca por el suelo. Pide agua. De pronto, entra el traficante y le da órdenes, la zarandea, la golpea y se la lleva a un rincón donde abusa sexualmente de ella, mientras la mujer llora y le ruega que pare. Después la deja tirada.

Una mujer de la audiencia llora, le acaricia el hombro y le ofrece agua. "Ya no tengo miedo de morir, solo quiero que todo esto pare", dice la actriz antes de caer rendida. "Hemos llegado, bienvenidos al paraíso", anuncia un altavoz. Entonces comienza un coloquio.

- Escandaloso -

"Me da miedo que alguien en África pueda ver esto y pensar que es escandaloso que los blancos paguen el fin de semana por un juego de roles sobre la inmigración", plantea una mujer durante la discusión. En 2015, una cadena australiana difundió un polémico 'reality show' en el que los participantes fueron llevados a Siria y sufrieron las condiciones de la guerra.

'Ticket' también ha recibido críticas.

"En París una obra de dudosa pertinencia invita a los espectadores a padecer la situación que viven los refugiados", señaló el Diario Libération. Para el director, Jack Souvant, la obra invita a la reflexión. "Lloré mucho durante la agresión, casi tanto como la actriz. Como mujer sentí el peligro al que estaba expuesto mi cuerpo. Tenía la piel de gallina", contó Marine, une ejecutiva de 35 años.

El mes pasado la policía francesa encontró decenas de migrantes escondidos en camiones frigoríficos, algunos de ellos menores de edad. "En la obra hay 40 espectadores dentro del contenedor, pero en un viaje puede haber 200 migrantes agolpados, algunos arrodillados", señala Souvant.

El director señala que el contenedor evoca la esclavitud y también la deportación de judíos durante la Segunda Guerra Mundial. "Simbólicamente colocar este objeto tan contemporáneo del comercio (…) delante de todo este estetismo de la colonización es importante", concluye.

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AFP