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El rey Felipe VI pronuncia un discurso ante la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa (APCE), en Estrasburgo, el 27 de abril de 2017

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La Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa (APCE) recibió este jueves al rey de España en medio de la agitación por varios casos de sospechas de corrupción y por la reunión de su presidente, el conservador español Pedro Agramunt, con el presidente sirio, Bashar al Asad.

Este jueves por la mañana, Pedro Agramunt, senador conservador español de 65 años, recibió con los honores protocolarios a "su" rey, Felipe VI, en visita oficial al Consejo de Europa.

Pero unos instantes más tarde, cuando el soberano pronunció un largo discurso sobre el "firme compromiso" de su país en el seno de la organización paneuropea, Agramunt ya no se encontraba en el hemiciclo, donde no había aparecido desde hacía tres días.

Y de hecho, según numerosos parlamentarios, una vez que la visita real haya pasado, los días de Agramunt como presidente de la Asamblea están contados. Podría dimitir antes del fin de semana, lo que sería una primicia en la larga historia de la institución, que reagrupa a 324 parlamentarios de 47 países de Europa.

Desde la apertura de la sesión plenaria de la primavera (boreal) de la Asamblea, el lunes por la mañana, numerosos miembros iniciaron la revuelta, reprochándole, a veces en términos muy fuertes, haber viajado a Damasco en marzo -en un avión puesto a disposición por el Gobierno ruso- y haberse mostrado con el presidente Bashar al Asad.

Agramunt presentó sus disculpas y después explicó, durante una "audiencia" dedicada enteramente a esta polémica, que había sido "manipulado" por los medios rusos que informaron de su encuentro con el presidente sirio. Pero no convenció mucho a sus compañeros.

Especialmente porque su hostilidad contra Agramunt viene alimentada por otra polémica sobre un escándalo de corrupción, el 'Caviargate'.

Miembros o exmiembros de la Asamblea son sospechosos de haberse dejado "comprar" por el Gobierno de Azerbaiyán a cambio de su voto negativo, a principios de 2013, contra un informe que denunciaba la situación de los presos políticos en ese país.

Los parlamentarios presuntamente aceptaron así suntuosos regalos, como caviar, alfombras y noches en hoteles de lujo en la capital, Bakú.

- Caviar y alfombras -

Un representante italiano, Luca Volontè (que ya no tiene escaño en la APCE) es sospechoso de haber aceptado cerca de 2,4 millones de euros de Bakú.

Pedro Agramunt no aparece directamente en este dossier, pero "pocos miembros de la APCE han viajado tanto a Azerbaiyán como él, en calidad de observador de las elecciones en 2003, 2005, 2010 y 2013, y él siempre ha defendido el balance de Bakú en materia de derechos humanos", señala una ONG alemana, ESI, que publicó dos informes sobre este asunto.

Después de semanas de dudas -en parte debido, según muchos representantes, a la mala voluntad de Agramunt-, la APCE decidió este semana confiar a un grupo de expertos independientes una investigación sobre estas acusaciones de corrupción.

Para el parlamentario alemán Frank Schwabe, que ha luchado durante mucho tiempo para obtener dicha investigación, este escándalo muestra que la Asamblea Parlamentaria se ve perjudicada por algunos miembros, prestos a "defender a los Estados que violan los derechos humanos".

En este sentido, el viaje a Damasco de Agramunt, así como el 'Caviargate', solo son "la punta del iceberg", según el diputado alemán, convencido de que esta semana en Estrasburgo habrá sido "difícil, pero necesaria" para que la APCE se recomponga sobre nuevas bases.

Algunos diputados solo vienen a Estrasburgo para defender los derechos humanos "de palabra y no de corazón", se lamenta por su parte la luxemburguesa Anne Brasseur, expresidenta de la Asamblea (2014-2016), que dice sentirse "triste y consternada" por los últimos acontecimientos.

Sin embargo, dijo a la AFP, "esta casa es más importante que nunca", sobre todo para las "nuevas democracias" del este del continente, donde el rol del Consejo de Europa "es mucho más importante que en nuestras viejas democracias, donde consideramos nuestras libertades como adquiridas".

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AFP