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La primera ministra noruega, Erna Solberg (centro), observa los resultados de las elecciones generales del país, en Oslo, el 11 de septiembre de 2017

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La victoria de los conservadores en las legislativas del lunes en Noruega permitirá a la primera ministra, Erna Solberg, seguir en el cargo, pero con una mayoría más débil y aliados cada vez menos dispuestos a hacer concesiones.

Erna Solberg, de 56 años, una dirigente popular en este país de 5,3 millones de habitantes, es la primera conservadora en más de 30 años en ganar dos elecciones legislativas seguidas.

Con la ayuda de dos pequeños partidos de centroderecha, su coalición de conservadores y populistas del Partido del Progreso (antinmigración) alcanzó una corta mayoría de 89 escaños de los 169 del Parlamento, según los resultados oficiales casi definitivos.

"Tenemos un mandato de cuatro años más porque tuvimos resultados, hicimos lo que habíamos prometido", proclamó Solberg ante los militantes.

Los conservadores hicieron campaña con la promesa de continuar bajando impuestos para sostener la economía, mientras que la oposición, liderada por el laborista Jonas Gahr Støre, defendió aumentar los impuestos, en particular a los más ricos, para reducir desigualdades y consolidar el Estado de bienestar.

Pero la aritmética electoral promete a los vencedores un futuro complicado.

Los conservadores de Noruega —el mayor productor de hidrocarburos de Europa occidental— han logrado resistir la crisis del sector petrolero y la de los migrantes. Pero la derecha ha perdido siete escaños en comparación con la legislatura que empezó en 2013.

Ahora, los conservadores necesitan más que nunca unidad para gobernar, pero los resultados pusieron en evidencia las dificultades que tendrá el nuevo Gobierno.

Hasta ahora, el Gobierno saliente era minoritario en el Parlamento y sólo necesitaba el apoyo de uno o dos partidos de centroderecha —democratacristianos o liberales— para gobernar.

Ahora estas pequeñas formaciones son matemáticamente indispensables para la primera ministra Solberg y los desacuerdos con los populistas son cada vez más tajantes.

Los democratacristianos ya descartaron unirse formalmente a un gobierno que incluya a miembros del Partido del Progreso, sin el que Solberg tampoco podría gobernar. "No podemos dar garantías para los próximos cuatro años", advirtió su líder, Knut Arild Hareide.

Sin un acuerdo formal de cooperación, el próximo gobierno de Solberg estará obligado a llevar a cabo difíciles negociaciones sobre cada tema para obtener el respaldo de la centroderecha, que se niega a darle un cheque en blanco.

Con esta espada de Damocles que pende sobre el Gobierno, las concesiones y los compromisos serán muy numerosos, por lo que se trata de una "victoria agridulce", según la portada del periódico Dagbladet.

"No está claro que sobrevivan cuatro años", advirtió Audun Lysbakken, el líder de la Izquierda Socialista, uno de los pocos que salió ganando en unos comicios fragmentados, aunque el partido continúa en la oposición.

Knut Heidar, un politólogo de la Universidad de Oslo, también cree "poco probable que el Gobierno aguante cuatro años" más. "Pienso que el tema de la inmigración, o quizás el de la relación centro-periferia, terminará por hacer que los democristianos tumben al Gobierno", explicó a la AFP.

Kåre Willoch, el único primer ministro conservador en obtener dos mandatos consecutivos, no pudo terminar su segundo Gobierno y cayó en 1986.

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AFP