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Un grupo de refugiados eritreos se preparan, en el aeropuerto de Ciampino, Roma, para embarcar en un avión con dirección a Suecia, como parte de un nuevo programa de la Unión Europea para repartir a refugiados, el 9 de octubre de 2015

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Ali, un banquero sirio-palestino desesperado por llegar a Holanda, tuvo que disimular su sorpresa cuando por fin consiguió encontrarse con un falsificador de documentos conocido como 'la Ballena' en un bar de narguilé cerca de Atenas.

"Resulta que el tipo con el que había estado hablando, que por la voz al teléfono parecía tan grande e imponente, en realidad era muy pequeñito", cuenta Ali, de 31 años. Ali vive ahora como refugiado en La Haya, adonde llegó hace meses gracias a un documento italiano de identidad falso, por el que pagó apenas 30 euros. A diferencia de decenas de miles de refugiados sirios, iraquíes o afganos, evitó el peligroso y costosísimo viaje por tierra desde Turquía hasta Europa occidental, y todo gracias a 'la Ballena'.

Las ansias por llegar a Europa han aumentado la demanda de documentos de identidad falsos entre gente como Ali (un nombre ficticio, para proteger su identidad), que ya arriesgó su vida viajando por mar de Turquía a Grecia en lanchas neumáticas.

Aun así, el hecho de tratar con gente como 'la Ballena', cuenta Ali, no deja de ser humillante y peligroso. "Sabes en todo momento que te están engañando, pero no puedes decir nada. Tienes que suplicarles para que te den lo que quieres. Es humillante", cuenta Ali a la AFP a través de la aplicación Viber, desde su nueva casa en Holanda.

En abril, Ali utilizó el documento italiano falso, que llevaba su foto, pero estaba a nombre de un tal Marco Rossi. Tomó un vuelo desde un aeropuerto de Creta, "donde el sistema de seguridad es menor que el de Atenas", rumbo a París, y desde allí, un tren a La Haya.

Su hermano mayor pagó 100 euros por un DNI español falso, pero no tuvo tanta suerte y lo pillaron. Al final, tuvo que hacer por tierra el camino hasta Holanda, 3.000 kilómetros.

- Atenas, "supermercado de documentos falsos" -

Mi hermano "estaba muy molesto porque lo dejara en el aeropuerto, pero ¿qué iba a hacer, dar la vuelta y entregarme?", se pregunta Ali.

Cada día, la policía griega confisca hasta 200 documentos de identidad falsos, "la mayoría de ellos de mala calidad", en el aeropuerto Eleutherios Venizelos de Atenas, dijo a la AFP un experto europeo en seguridad que prefirió el anonimato.

Desde hace décadas, la capital griega ha sido "un supermercado internacional de documentos falsos" y la actual crisis migratoria ha exacerbado el problema, según este experto. "Al menos una vez al mes, se desmantela un laboratorio de documentos de identidad falsos en el centro de Atenas", dice el experto.

La novia de Ali, Rania (otro nombre ficticio), estaba ya viviendo en Holanda desde noviembre del año pasado. Para llegar allí, tuvo que pagar "un combo". Concretamente, a cambio del pago de 3.000 euros, permaneció escondida en un apartamento, se le entregó un documento búlgaro de identidad robado y le dijeron que durante cinco días el traficante pagaría los vuelos necesarios hasta que llegara a su destino.

"La foto del documento se parecía a mí. La primera vez me pillaron, pero me tragué el miedo, lo intenté una segunda vez y lo conseguí. Cuando llegué al aeropuerto Schiphol de Ámsterdam, fui al baño y tiré el documento, como en las películas", cuenta Rania, de 28 años.

La joven asegura que antes de la guerra en Siria, que inició en 2011 con manifestaciones antes de degenerar en un conflicto civil, jamás habría imaginado tener que viajar ilegalmente. Pero no podía exponerse a ser deportada de Dubái, donde iba a expirar su permiso de residencia, y regresar a Siria. El motivo de peso es que su tío es un disidente de alto perfil, lo que pone a toda la familia en riesgo de ser detenida. "Tenía mucho miedo, los traficantes son unos delincuentes. Pero para nosotros, los sirios, la muerte está por todas partes. En lugar de criticarme por falsificar mi identidad, la gente debería tratar de ponerse en mi lugar", dice Rania.

AFP